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Enemigos de partido

Tiempo de lectura 2 min.

18 de octubre de 2016. 21:50h

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Un conocido político conservador estableció el principio. Los adversarios políticos son los que están en los escaños de enfrente y pertenecen a otro partido y los enemigos, por el contrario, se encuentran a la espalda y militan en la misma formación. No me cabe duda de que la aseveración será considerada por muchos especialmente cínica, pero episodios recientes han dejado de manifiesto lo que se corresponde con la realidad. El caso más evidente, por lo escandaloso y trascendente, es el de los republicanos que han decidido dejar de apoyar a Trump. Al final, el gran daño contra la campaña del lenguaraz millonario no ha venido de vídeos grabados hace una década ni de sus exabruptos ni tampoco de testimonios de mujeres presuntamente acosadas. El gran torpedo contra la línea de flotación ha procedido de otros republicanos. Las razones son dudosamente nobles. Paul Ryan vio frustrado hace cuatro años su sueño de llegar a ser vicepresidente cuando un Joe Biden lozano lo trituró en un debate electoral. Explicable es que ahora se vengue de alguien que logró la nominación que él nunca obtuvo y haga méritos ante el establishment de su partido anunciando que no apoyará a Trump. John McCain fue derrotado por Obama, pero, por encima de todo, es un personaje caracterizado por mantener una política exterior de acentuadísima agresividad. No sorprende que haya aprovechado la ocasión para saltar sobre un Trump que propugna el cierre de frentes bélicos. Otros temen que la campaña de Trump reste fondos a las suyas para ser elegidos en el legislativo o que erosione su base de votos. En mayor o menor medida, han señalado públicamente que no quieren tener nada que ver con el magnate. Poco o nada de esa actitud ha influido en los votantes de Trump, que están demostrando una fidelidad rayana en lo prodigioso. Diferente, sin embargo, es la actitud de los denominados «bundlers», es decir, aquellos donantes dispuestos a dar más de cien mil dólares para la financiación de la campaña. Lo generoso de sus contribuciones los convierte en personajes públicos y con una parte del partido republicano gritando que carecen de relación con Trump, el número de bundlers se ha encogido como una camiseta de mala calidad tras un lavado. Todo ello además viene sucediendo en paralelo a un creciente número de bundlers para la campaña de Hillary. Al final, lo que está privando a Trump de unos fondos esenciales son otros políticos republicanos, ésos a los que un avezado dirigente llamó enemigos.

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