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Inoportunidad como estrategia

Tiempo de lectura 2 min.

14 de septiembre de 2017. 03:03h

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Ely del Valle 14/9/2017

A nadie se le ocurriría en mitad de un terremoto ponerse a echar pestes contra el responsable de urbanismo, que es exactamente lo que acaba de hacer Pedro Sánchez. A menos de tres semanas de que conozcamos cómo se va a afrontar sobre el terreno uno de los retos más serios con los que se ha topado nuestra democracia, lo último que necesita el Gobierno es que el líder de la oposición ande repartiendo una cal y otra de arena. Apoyar al Ejecutivo echándole la culpa al PP de haber llegado a esta situación es apoyar más bien poco, y lo único que refleja es que la pulsión de Sánchez por marcar distancias con Rajoy pasa por encima de todo.

Todos sabemos que las cosas no se han hecho bien, ni Aznar al transferir la educación, ni Zapatero al apoyar un estatuto catalán salido de madre, ni Maragall y Montilla que le rieron las gracias al independentismo, ni Rajoy por minimizar el 9-N. Todos tienen su cuota de irresponsabilidad por despejar la pendiente para la que la bola de nieve se convirtiera en alud, pero una cosa es la responsabilidad y otra la culpabilidad, y aquí los únicos culpables tienen denominación de origen en la propia Cataluña, desde Pujol hasta Puigdemont «el ejecutor», pasando por Mas, que para camuflar su incompetencia manifiesta no tuvo mejor idea que la de convertirse en un moderno Ícaro calzándose las alas del independentismo y dándose el batacazo padre. No sé si con su estrategia del contigo pero sin ti, Sánchez logrará imponerse como el gran líder que cree ser, pero hay veces en que los reproches pueden (y deben) esperar a que amaine la tormenta.

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