Nuevo lenguaje

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Si las feministas progres (las hay normales que combaten por derechos todavía no alcanzados) y la rancia izquierda han decidido retorcer nuestro idioma para que no lo reconozca ningún hispanohablante culto, no voy yo a ser menos y trataré de desorillar nuestro idioma a mi antojo y desoyendo a mis buenos maestros (que los tuve), aquellos que se dejaron la piel para que mi cabeza siguiera la máxima de Montaigne: prefiero una cabeza ordenada a una muy llena. No hay manera de que entren en razón nuestras valerosas izquierdas, que se dedican, además de al espectáculo mediático, a joder (esta y no otra es la calificación adecuada) la hermosa lengua de Cervantes. Se ve que, como la mayoría cobra del erario público, se deja en segundo plano aquello de la economía del lenguaje. Así, pues, a partir de ahora, pediré en el restaurante la carta de menuses. Al llegar a casa, le voy a dar al mohle o mojle o... ¡vaya usted a saber!, que es una preciosa expresión que usan en Lorca para los que le dan a la botella, pero que nadie sabe cómo se escribe. Procuraré no meterme en líos para que ninguna jueza soeza me condene, tras escuchar el alegato de una fiscala ignoranta e incompetenta. Después de tan agitado panorama lingüístico, le propondré a mi mujer ir a ver sofales cómodos para asentar convenientemente mis posaderos, pues ya me se hace dura la jornada como para no tener un buen lugar donde descansar. Exigiré un cierto uniformismo en la decoración del salón a juego con los sofases (ahora uso esta variante más culta) y todo ello exigiré que lo acepte la RAE porque lo dice un artisto del idiomo. ¡Manda huevos de centurión!, vulgo caviar romano.

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