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Para niños

Lucas Haurie. 

Tiempo de lectura 2 min.

12 de agosto de 2017. 20:29h

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A la Constitución de 1978 debió mirarla un bizco y, desde entonces, es un texto de obligada no lectura. En los primeros años ochenta, cuando los confetis y el desparrame, los escolares recibían su versión de la Carta Magna para niños; los padres, en cambio, nunca tuvieron una edición para quienes ya eran adultos. Quien más y quien menos, con todo, ha oído mencionar algún artículo constitucional en la radio o leído una cita en el periódico. Desde el estallido de la crisis hubo un artículo predilecto: el 135, cuya reforma fue aprobada en 2011, instante en el que el rumor de un rescate total a España sonaba estentóreo como el vozarrón de un coro de ogros roncos. El nuevo 135, que incluyó el mandato de la estabilidad presupuestaria, se convirtió en un pilón donde los políticos de la nueva izquierda se han machacado a martillo. La cachorrada, que va de experta en política, es poco amiga de estabilidades, y le da lo mismo acudir a un supuesto fraude en su reforma por la falta de un referendo no exigido en ese título constitucional. (Y mal vamos si tal detalle es desconocido por un profesor del ramo.) Del vigente 135 derivó la creación de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), un órgano supervisor del cumplimiento del equilibrio de las cuentas por parte de los organismos públicos que intenta evitar el despelote de la precrisis. En una reciente resolución, la AIReF señala a cinco ayuntamientos que aún no le han facilitado los datos del ejercicio, tal como están obligados. Dos de ellos son andaluces: Los Palacios y Ayamonte. No sé a qué esperan para llevarles un lote de constituciones para niños.

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