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Política deconstruida

Tiempo de lectura 2 min.

20 de abril de 2017. 04:01h

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Acudí a una cena benéfica, sin fariseísmos, en los patios de un gran hospital, con el cubierto a precio indecente, en pro de familias sin posibles con niños oncológicos. Antes que Paloma Lago (nada de televisión, famoseo, photo-coll o Prensa del útero) nos invitara a sentarnos, se acercó en el cóctel el autor del mismo a un pequeño corrillo de médicos y políticos ofreciéndome una copa para espumosos llena de algo que en principio no parecía sólido ni líquido, con aspecto de vómito. Ante la entusiasta insistencia del coctelero y por no desairarle, sorbí un puchito que espurrié sobre la pechera del smoking. Le devolví la copa y, cuando me explicó que contenía tortilla de patatas desestructurada bañada en champagne, le mandé impropia y públicamente a tomar por el orto abandonando el ágape con tonta indignación. Esta legislatura sólo cocina política deconstruida y así pasan los meses sin aprobar una ley. Se va deconstruyendo, separando los ingredientes, la educación o la seguridad ciudadana, se deconstruye el territorio nacional con las patatas por un lado y los huevos por otro, y las Cámaras devienen en plató de telebasura con un senador preguntando al Gobierno por la posibilidad de una invasión zombi, o Iglesias recitando los antónimos y sinónimos del uso del falo. Los novedosos muertos vivientes han abandonado la política representativa de las Cortes por la participativa de los autobuses publicitarios y los debates en los platós. En 1998 ni mi casi paisano Eduardo Bacigalupo evitó que Felipe González compareciera como testigo ante el Supremo por un caso de secuestro. Se estimó entonces que la declaración del ex presidente no aportaba nada y que estigmatizaba su figura. Hoy como ayer, también hay que deconstruir un poco al presidente Rajoy, único con temple en un mar de pateras. Parece raro que Rajoy siguiera al minuto las andanzas de los eventos viajeros-festivos-mitineros-musicales de un buscavidas como Correa, pero habrá de decirle a la Audiencia Nacional lo que ignora por no haber tenido la obligación de saberlo. Pero lo que vuelve a importar es su estigmatización, y la foto, aunque sea de un plasma. De entre la metodología de comunismos y fascismos lo clásico es desprestigiar o ridiculizar a quien has decidido fusilar de antemano. Solo los desavisados sacralizan la administración de Justicia e ignoran que puede haber magistrados gustosos de la tortilla de patatas deconstruida y en champagne.

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