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Un gasto imposible

Tiempo de lectura 2 min.

11 de septiembre de 2017. 04:41h

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Fernando Rayón 11/9/2017

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Suele ocurrir a los que gastan más dinero del que ganan. No solo desconocen lo que cuesta ganarlo, sino que terminan sin saber lo que gastan. Algo de eso ha pasado en Cataluña, junto con otras cosas –alusivas al 3%– que no son del caso. Sí es el caso de Junqueras, doctor en Historia del Pensamiento Económico, que se ha quedado más en la Historia que en la Economía. No se entiende de otra manera que haya adjudicado a la futura Agencia Tributaria Catalana una capacidad recaudatoria de 42.000 millones en el primer año, a los que suma 20.000 de la Seguridad Social, y así le salen los 62.000 millones que tiene para gastar. Y se queda tan ancho. No se da cuenta, como dice mi admirado catedrático Mikel Buesa –este sí, de Economía Aplicada–, que el gasto de Cataluña se sitúa hoy en 82.000 millones de euros, con lo que, de entrada, arrancarían con un déficit de 20.000 millones, casi un 10% de su PIB.

Una cifra que aún puede ser mucho mayor a la vista del dispendio de 2017. La Generalitat ha disparado sus gastos con una sorprendente estructura de entes y organismos públicos. Sólo dos ejemplos. La Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo, duplicó su partida en 2017 hasta los 17,4 millones de euros; cuenta con 51 empleados en su plantilla. Y el Instituto Catalán Internacional para la Paz, cuya finalidad es –no es broma– que Cataluña tenga un papel activo como agente de paz en la resolución de conflictos, ha tenido un presupuesto de 1,4 millones de euros, de los que la mitad van a sus 14 empleados. Pero si 2017 ha sido un disparate, el 18 promete ser peor. En noviembre Diplocat creó un consejo consultivo de 39 personas. A través de él, la Generalitat ha pagado a «lobbies» y servicios de asesoramiento para apoyar en el exterior la causa independentista. De ahí vienen los editoriales a medida y las crónicas marcianas de algún corresponsal. Buesa se ha quedado corto en el agujero que podrían alcanzar.

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