viernes, 21 julio 2017
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Editorial

Un PP más fuerte toma la iniciativa

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El pasado 29 de octubre, Mariano Rajoy fue elegido presidente del Gobierno después de diez meses de bloqueo institucional. El voto a favor de Ciudadanos y la abstención de un número indeterminado de diputados socialistas facilitó la única salida posible. Cabía otra opción: el gran pacto de la izquierda e independentistas de toda procedencia. Se impuso la sensatez y el único programa realista y capaz de reconducir a España a la estabilidad, desarrollar las reformas pendientes, seguir la recuperación económica y cumplir con los compromisos europeos. El PSOE entendió que insistir en el bloqueo para seguir soñando con un gobierno con Podemos y unos nacionalistas desbocados acabaría apartándolos del centro del tablero, por lo que estaba dispuesto a facilitar el Gobierno al PP y, de paso, cerrar la etapa de Pedro Sánchez (aunque de momento). El electorado comprendió que el único Ejecutivo posible era el presidido por Rajoy. Los primeros datos económicos fueron favorables y Bruselas dio luz verde a los presupuestos de 2017, a pesar de que, según sus cálculos, el déficit para este año quedará en el 3,3% del PIB, dos décimas por encima del objetivo del 3,1%. Algo similar pasa con el PIB. La Comisión prevé un crecimiento del 2,3% frente al 2,5% que espera el Gobierno. Este margen sólo puede funcionar si existe una confianza en el cumplimiento de los compromisos y en el desarrollo de la economía. La inclusión de Rajoy en el núcleo dirigente de la UE así lo avala. Ciudadanos, que la semana pasada impidió la votación del decreto para la liberalización de la estiba, ya ha anunciado que aprobará los Presupuestos, uno de los pasos necesarios para asegurar una legislatura larga y que despeje el peor de los escenarios: el adelanto electoral. Aunque este supuesto sólo favorecería al partido del Gobierno, Rajoy ha reiterado que no contempla esa posibilidad, porque ni es lo mejor para España en estos momentos, ni para el proyecto europeo. Según un sondeo de NC Report, el PP volvería a ganar las elecciones y es la única formación de ámbito estatal que sube en el número de escaños (ERC crece un 0,1% a cuenta del partido de Artur Mas). De los actuales 137 escaños, los populares se situarían entre los 153 y 158. Estos datos no supondrían, de entrada, que pueda alcanzar la mayoría absoluta –situada en 176– con los votos de Ciudadanos. El partido de Albert Rivera prosigue su caída y pierde unos 749.570 votantes, lo que le restaría entre 4 y 8 diputados de los 32 actuales. De confirmarse estos datos, desciende en la misma progresión que en los comicios del pasado 26 de junio respecto a los del 26 de diciembre de 2015: 8 escaños. Ciudadanos es, además, el partido que retiene menos votantes (un 70,5%) y el que más votos traspasa a otras formaciones: 8,2% al PP el 8,2% y 2,9% al PSOE. El PSOE también persiste en un descenso que nada bueno puede anunciar para la estabilidad del país: de los 169 diputados de 2008 ha pasado a 85 en 2016. Según el sondeo que publicamos hoy, perdería 1.041.846 electores, lo que supondría entre 6 y 10 escaños menos. La gran incógnita es saber cómo reaccionarán sus votantes (retiene el 73% y un 3,2% se va a Podemos) ante el nuevo líder que salga de unas primarias que, de momento, pueden dejar al partido desunido. Podemos también cae –pierde 812.536 votos y entre 3 y 7 diputados– y, además, deberá reformular su estrategia del «sorpasso» al PSOE, de cumplirse el pronóstico del sondeo, cuando, además, un 3,2% de los votantes de Pablo Iglesias se irían a los socialistas. Si bien es cierto que una abstención del 41,5% resta votos a todos los partidos, el mapa parlamentario que se vislumbra apuesta por un PP más fuerte y una izquierda debilitada.

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