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Porqués sin respuesta

Tiempo de lectura 4 min.

14 de noviembre de 2017. 01:29h

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José Luis Requero 14/11/2017

Prescindo de torturarles con el último acto del sainete/drama catalán porque ha vuelto rondarme una pregunta sobre la que escribí hace varios años: de estar prohibidos los cuchillos ¿habría cometido Jack el Destripador sus crímenes? No, no tiene relación alguna con Cataluña, pero me la planteo cada vez que oigo las reacciones al último tiroteo en Estados Unidos. Hace unos días en Texas fue, seguramente, el penúltimo caso; antes en Las Vegas se batió el récord de muertos y así podríamos ir remontándonos en un recuento espeluznante de tiroteos en colegios, universidades, centros comerciales, etc. que suman decenas y decenas los muertos.

Cuando se producen estos hechos se abre allí la polémica sobre la venta de armas, la Asociación del Rifle, la Segunda Enmienda y otras señas de identidad de la idiosincrasia norteamericana. Pero esto no puede quedar en un debate sobre la facilidad para adquirir armas, es decir, sobre el medio y no sobre la causa. Seguramente con este tipo de tiroteos el criminal busca notoriedad, rapidez, un efecto multiplicador inmediato, impactante y eso se lo proporciona un arma automática. Pero insisto: no deja de ser el medio.

Trump no ve urgente el tema y Obama derivó todo al problema de la libre tenencia de armas, pero alguna explicación tendrá esa violencia latente que un día estalla y se arañaría la superficie si el debate quedase en las armas o sobre lo arraigado que está en allí el espíritu de frontera, de autodefensa en tierras hostiles. Por eso imagino que se habrá abierto alguna reflexión sobre sus causas: quiénes eran esos criminales, en qué ambiente se desenvolvían, con quién se relacionaban, qué leían o veían, qué pudo llevarles a cometer tales atrocidades y, en general, suicidarse.

Como no soy experto en ese asunto ni tengo datos, no me arriesgo a adelantar vaticinio alguno, pero parto de un dato que me parece imprescindible para el análisis: antes había libre tenencia de armas, pero no tiroteos indiscriminados, luego en este como en tantos otros asuntos habrá que atreverse a pensar e ir a las causas, aunque en ese viaje haya que descubrir muchas fallas sociales y personales.

Afortunadamente no tenemos aquí ese problema, sí otros y coincidimos en la penuria indagatoria. Ocurre aquí con otras violencias: sobre la mujer, la doméstica, es decir, sobre ancianos o menores o la violencia sexual o los variados tipos de acoso. Querer atajarlas sin ir a las causas es estéril y los porqués exigen respuestas para salir de la perplejidad, como la que mostraba hace poco la anterior defensora del Pueblo en el caso de la violencia sobre la mujer: «No sé cómo podemos atajar la violencia de género».

Hablando de las agresiones sexuales, hace años me llamó la atención un artículo del «Daily Mail Online». Su autor –Andrew Norman Wilson, articulista y escritor, padre de dos hijas, divorciado, ex ateo declarado– se hacía también preguntas y se refería a las consecuencias de aquella revolución sexual de los sesenta, algo que vivió en primera persona. Titulaba su artículo así: «He vivido la mayor revolución en las costumbres sexuales de nuestra historia. El daño hecho me espanta».

Wilson repasaba cómo esas costumbres –el anticoncepcionismo, el aborto, el todo vale– se ha traducido más que nada en infelicidad y concluía de la siguiente manera: «No creo que este comportamiento pueda durar mucho más tiempo. El precio que todos pagamos por la fragmentación de la sociedad, causada por la ruptura de tantos hogares, seguramente dará lugar a un replanteamiento masivo. Por lo menos, esperemos que sí». Una reflexión que en el caso de las agresiones sexuales entre jóvenes, incluso menores, debería llevarnos a indagar en sus causas y plantearnos qué idea de sexualidad llega a niños y adolescentes.

Durante años se defendía que había que romper los muchos tabúes que la sociedad burguesa y conservadora no quería tocar. Quizás ahora quienes se afanaron en romper tantos tabúes y presumían de ser transgresores, deberían empezar a hacerse preguntas y plantearse a qué ha llevado su transgresión. En definitiva, que en USA tienen un problema muy serio y aquí tenemos los nuestros y en ambos casos revolotean muchas preguntas, muchos porqués sin respuesta.

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