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El Papa abre el proceso para la canonización de Juan Pablo I

Sólo estuvo al frente de la Iglesia 33 días

  • Juan Pablo I era conocido como el papa de la sonrisa
    Juan Pablo I era conocido como el papa de la sonrisa
Álvaro de Juana,  Ciudad del Vaticano. 

Tiempo de lectura 2 min.

10 de noviembre de 2017. 00:55h

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Álvaro de Juana,  Ciudad del Vaticano.  9/11/2017

El Papa Francisco firmó ayer el decreto que reconoce las virtudes heroicas del predecesor de Juan Pablo II. La firma se produjo tres días después del voto unánime de la Congregación para las Causas de los Santos favorable a este reconocimiento. De esta manera se abre las puertas para la beatificación del fallecido Pontífice, conocido también como el «Papa de la sonrisa», para lo cual se necesita un milagro por medio de su intercesión, a no ser que el propio Jorge Mario Bergogio «perdone» este paso.

Juan Pablo I nació el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale, Italia, y falleció el 28 de septiembre de 1978 en el Palacio Apostólico del Vaticano como resultado de un fallo cardíaco derivado de una enfermedad mal tratada. Sin embargo, los rumores y la incertidumbre siempre han reinado en torno a su «misteriosa» muerte. Desde su fallecimiento, son muchas las publicaciones y las voces que han sugerido que su muerte se debió a un complot para acabar con el bueno de Luciani.

Envenenamiento, muerte por estrés, o incluso asesinato directo han sido algunas de las teorías que se han vertido hasta el momento.

Sin embargo, la verdad parece haber salido a la luz, curiosamente, también esta semana. Según esta bendita coincidencia, falleció por causas naturales. Lo prueba en un nuevo libro la vaticanista Stefania Falasca, vice postuladora de la causa de canonización de este Papa que tomó su nombre al combinar el de sus dos antecesores Pablo VI y Juan XXIII. En «Papa Luciani. Crónica de una muerte», la periodista desmiente todas estas teorías conspiranoicas.

Falasca ha accedido a archivos del Vaticano, registros clínicos y ha hablado con personas que le conocieron. Una de ellas es la religiosa Margherita Marin, que trabajó con el Pontífice y ha desmentido que muriera agobiado por el peso de su responsabilidad. «Lo vi siempre tranquilo, sereno, lleno de confianza, seguro», dice en el libro.

Pero el más importante es un documento redactado pocos días después del suceso. En él se habla de una indisposición que Juan Pablo I sintió la misma noche en que murió, antes de cenar, y mientras rezaba con su secretario irlandés John Magee. El escrito lleva la firma del primer médico que acudió al lecho de muerte del Papa, Renato Buzzonetti. En el informe certifica un «episodio de dolor localizado en la parte superior de la región esternal» sufrido hacia las 19:30 del día de la muerte, «prolongado durante más de cinco minutos, que se verificó mientras el Papa estaba sentado y preparado para rezar con el padre Magee y retrocedió sin ninguna terapia».

El dolor desapareció, lo que hizo que no fuera abierta la farmacia del Vaticano, ni advertida su enfermera, sor Vicenza. Tampoco se llamó a su médico principal, Antonio Da Ros. Aquella noche de 1978 al «Papa de la sonrisa» se la paró el corazón para siempre.

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