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El origen ibérico de los vascos

El análisis de ADN de los restos de ocho agricultores de Atapuerca de hace 5.000 años revela que son sus ancestros más antiguos

  • Restos de un niño hallado en Atapuerca
    Restos de un niño hallado en Atapuerca
Jorge ALCALDE. 

Tiempo de lectura 5 min.

07 de septiembre de 2015. 21:08h

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El origen del pueblo vasco es una de las historias más fascinantes, controvertidas y en demasiadas ocasiones manipuladas de la paleontología contemporánea. Durante muchos años se ha tratado de demostrar si realmente los vascos son descendientes directos de una población pre neolítica, mantenida intacta durante milenios y que habitó las tierras de Euskadi antes incluso de la llegada a la Península Ibérica de la práctica de la agricultura. De hecho, durante los años 70 del siglo pasado proliferaron los estudios que relacionaban las poblaciones del País Vasco con asentamientos del Paleolítico Superior o, en tiempos más recientes, con los primeros pobladores mesolíticos del Norte de África o de las Islas Canarias.

La tesis era, en todo caso, similar: el pueblo vasco es una excepción demográfica en la Península, que prácticamente no ha experimentado intersección genética con los pueblos ibéricos, como demostraría su origen filogenético y la especificidad de su idioma.

Pero ahora, un interesante hallazgo llevado a cabo en El Portalón, una de las cuevas más importantes de los yacimientos de Atapuerca, podría aclarar definitivamente el asunto. Los vascos serían descendientes de los primeros agricultores que llegaron a Iberia, como lo somos el resto de los pueblos de esta parte de Europa.

En la cueva de El Portalón se pueden encontrar restos de gran valor arqueológico y paleontológico, desde muestras de los asentamientos romanos en la zona hasta evidencias humanas que se remontan al Neolítico. El estudio ahora presentado, firmado por científicos de la Universidad de Upssala, se centra en algunos enterramientos humanos de hace entre 3.500 y 5.500 años que contienen importantes muestras de ADN mitocondrial bien conservado. Precisamente ese material es clave para entender algunos movimientos migratorios sucedidos durante el Neolítico en Europa y que tienen que ver con la mayor innovación de la historia de la humanidad: la llegada de la agricultura y el sedentarismo que desplazó a las antiguas comunidades cazadoras-recolectoras y nómadas.

La agricultura se originó hace unos 11.000 años en Asia Menor, en lo que hoy denominamos Creciente Fértil. Desde allí, la práctica de los cultivos y la ganadería se extendió por toda Europa y llegó a la Península Ibérica hace unos 7.500 años. En aquella época, el Viejo Continente estaba poblado por multitud de pueblos cazadores-recolectores que asumieron muy rápidamente la innovación agrícola.

La ciencia ha centrado buena parte de sus esfuerzos en entender cómo la práctica del sedentarismo y el cultivo llegó al centro y al norte de Europa. Pero hasta ahora se ha sabido muy poco de los entresijos de esa misma expansión por el sur del continente. Un lugar especialmente interesante para estudiar este fenómeno es, precisamente, la cueva de El Portalón. Gracias al estudio de 8 cuerpos hallados en ese yacimiento, se ha podido realizar el primer dibujo paleogenético de antiguos agricultores y ganaderos de la Península y se ha demostrado que comparten una historia similar a la de sus equivalentes en el centro de Europa. Es decir, proceden de una oleada migratoria desde el suroeste de Asia y se mezclan paulatinamente con las comunidades de cazadores que se encuentran a su paso. El análisis genético demuestra que, al compararse con todas las poblaciones ibéricas actuales, los individuos de El Portalón se parecen excepcionalmente a los vascos de hoy en día. De ese modo quedaría demostrado que las familias que migraron desde el Creciente Fértil a la Península ibérica llegaron hasta el País Vasco y se mezclaron con los habitantes de esa zona, igual que hicieron con los demás pueblos ibéricos.

Pero sí es cierto que las sucesivas poblaciones vascas presentan patrones diferentes de hibridación con los colonos agricultores que el resto de los pueblos. De hecho, en tiempos más recientes, los habitantes de la actual Euskadi recibieron poca influencia genética de las sucesivas oleadas migratorias.

El artículo, publicado en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences» de Estados Unidos, también indaga en el origen del euskera. Se sabe que esta lengua es realmente excepcional y se mantiene como uno de los pocos casos en Europa sin relación con las lenguas indo europeas. La nueva investigación no puede dar respuesta satisfactoria a esta peculiaridad. ¿Era ésta la lengua que hablaban algunos de los primeros emigrantes agricultores procedentes del Creciente Fértil? ¿Era la lengua que usaban los anteriores habitantes de la zona, antes de la invasión desde oriente de los nuevos individuos modernizados, y que fue conservada de manera excepcional? Ambas hipótesis son plausibles.

Pero lo que sí demuestra esta nueva aproximación paleontológica es que todas las poblaciones que habitamos la Península ibérica tenemos un origen común y que las peculiaridades de los pueblos españoles actuales tienen mucho más que ver con variabilidades culturales que con diferencias biológicas.

La investigación también ha servido para reforzar la validez del ADN antiguo como método de reconstrucción de la filogenia de las poblaciones humanas. El origen y el impacto de la agricultura en Europa ha sido un tema de largo debate. No está claro el camino que siguió la expansión de esta práctica desde que nació hace 11.000 años hasta que llegó a implantarse en toda Europa, incluidas las islas británicas 3.500 años después. La principal controversia reside en el mecanismo de transmisión de la nueva forma de vida. ¿Se comunicó el conocimiento de unos pueblos a otros, en una suerte de globalización de las ideas entre vecinos? O más bien ¿las tribus agricultoras fueron expandiéndose y ocupando el terreno mientras desplazaban de sus terruños a los antiguos cazadores? los datos genéticos confirman que los agricultores y los cazadores eran poblaciones genéticas muy diferentes y que, lo más probable es que los primeros expulsaran a los segundos del paraíso o mezclaran sus genes con ellos originando todos los pueblos actuales.

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