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Superar el dolor educando el cerebro

Investigadores de la Universidad de Mánchester muestran por primera vez que el número de receptores que tenemos en el cerebro determina nuestra resistencia

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Jorge Alcalde. 

Tiempo de lectura 4 min.

24 de octubre de 2015. 01:07h

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Jorge Alcalde.  25/10/2015

El dolor es una de las manifestaciones clínicas que más preocupan a los médicos y, sobre todo, a sus pacientes cuando lo padecen. Especialmente el dolor crónico, el que dura al menos seis meses y se mantiene en una misma zona del cuerpo. Seis millones de españoles sufren algún tipo de dolor crónico. Cerca de 800.000 experimentan un dolor grave. El perfil mayoritario de paciente es el de una mujer de entre 40 y 60 años. La espalda, las articulaciones y la cabeza son, por ese orden, los miembros más afectados.

Pero a la hora de tratarlo los expertos se topan con una primera dificultad: el dolor es una experiencia subjetiva, cada uno de nosotros tenemos un umbral de sufrimiento distinto.

Se sabe desde hace tiempo que cada individuo cuenta con receptores neuronales en el cerebro que responden a sustancias que segrega el cuerpo para aliviar los dolores. Son sustancias opiáceas analgésicas como las endorfinas que nos ayudan a enfrentarnos a una fuente de sufrimiento físico. Pero no conocemos bien cómo actúan estos receptores en el caso de los dolores crónicos.

Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Mánchester ha mostrado por primera vez que el número de receptores que tenemos en el cerebro determina nuestra capacidad de resistencia.

El estudio ha utilizado a 17 pacientes aquejados de artritis y a nueve personas sanas a las que se les ha introducido en un aparato de Tomografía por Emisión de Positrones (PET). Esta herramienta permite observar el cerebro en pleno funcionamiento y, entre otras cosas, determina el modo en que se distribuyen las conexiones neuronales. A cada paciente se le aplicó un estimulador láser en la piel que producía diferentes grados de calor.

Analizando todos los cerebros, se demostró que cuantos más receptores neuronales de opiáceos se tienen, más elevado es el umbral de resistencia al daño. Además, las personas que padecen un dolor crónico parecen tener mayor cantidad de receptores. Esto parece indicar que el cerebro humano tienen a adaptarse a la presencia del dolor continuado aumentando la cantidad de células que reaccionan a las endorfinas. Es como si contáramos con un mecanismo de respuesta natural que nos ayuda a superar o aliviar, al menos, el sufrimiento. Es la primera vez que se observa un cambio en el funcionamiento del cerebro que tiene que ver con la mayor capacidad de algunas personas de resistir el daño infligido.

Los mecanismos internos de esta adaptación son desconocidos. Pero si la ciencia pudiera entenderlos mejor y conocer qué es lo que provoca un aumento de receptores opiáceos quizás podría encontrarse una estrategia para aliviar de manera natural los dolores sin los efectos secundarios que tienen la mayoría de los analgésicos. De hecho, el hallazgo supone una revolución en el modo en el que afrontamos el tratamiento del dolor. Generalmente el dolor crónico se ataca desde una perspectiva fatalista y negativa. Pero esta nueva investigación demuestra que el cerebro es más flexible de lo que creemos. Si los pacientes con dolor han desarrollado una legión más poderosa de neurorreceptores, es probable que se pueda inducir esa mejora para todos los ciudadanos que se enfrentan a un rimer dolor. Quizás algún día podamos superar los estragos del dolor utilizando nuestro propio cerebro.

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