jueves, 27 abril 2017
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Sociedad

Cura urgente para 6.000 enfermos del virus de la hepatitis C

Desde que en 1989 se descubrió el virus de la hepatitis C nunca se ha estado tan cerca de lograr su curación. Hoy los laboratorios han sido capaces de desarrollar fármacos con una efectividad del 90 por ciento o superior, pero su elevado coste es el principal motivo de que no estén llegando a todos los afectados. Y no sólo eso, al estar transferida las competencias de Sanidad a las comunidades autónomas son éstas las que, a través de sus propias comisiones, determinan a quién se le puede suministrar alguno de los dos medicamentos aprobados este año. El simeprevir (Olyso es su nombre comercial) y el sofosbuvir (Sovaldi). Los dos se pueden prescribir para el genotipo 1 –existen seis– que es el más común en nuestro país. Así, como indica el Ministerio de Sanidad, entre 2013 y 2014, unos 700 pacientes han utilizado este fármaco –unos 200 por su uso compasivo–, pero la cifra es muy baja si se tiene en cuenta que, de acuerdo con las estimaciones de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), en nuestro país 900.000 personas sufren esta enfermedad, en sus diferentes fases.

Tras las demandas de diferentes colectivos y de los hepatólogos, el secretario general de Sanidad, Rubén Moreno, afirmó ayer que «el próximo año entre 5.000 y 6.000 pacientes serán tratados con los nuevos medicamentos», los que necesitan el tratamiento de manera más urgente. Y este número incluso podría llegar hasta los 7.000 si, entre otras medidas, «conseguimos una compra centralizada para todas las comunidades autónomas» que permita mejorar la negociación y obligar a las farmacéuticas a bajar precios, gracias también a la llegada de medicamentos genéricos y del desarrollo de otros fármacos por diferentes laboratorios. Y es que el precio pactado con Gilead para la compra del Sovaldi fue de 25.500 euros por un tratamiento de 12 semanas. Durante esta negociaciones, la Comisión Interministerial de Precios fijó un techo de gasto de 125 millones para la prescripción de este fármaco durante el primer año, pero Moreno ya aseguró ayer que «este límite no se va a aplicar».

Aunque desde el Ministerio aseguran que la estimación de pacientes es la que dictan las sociedades científicas, el presidente de la AEEH, Jaume Bosch, asegura que «deberían tratarse con los nuevos medicamentos a muchos más, a cerca de 30.000». Lo cierto es que la cifra que apunta el Ministerio es la de aquellos que, valorando sus condiciones clínicas, necesitan de forma inmediata el fármaco, como es el caso de algunos de los enfermos que se manifiestan desde hace once días desde el Hospital Doce de Octubre de Madrid, donde permanecen encerrados miembros de la Plataforma de Afectados por la hepatitis C. Muchos están en lista de espera para un trasplante de hígado, ya han sido trasplantado o la cirrosis que sufren está muy avanzada –pacientes descompensados–. El Grupo de Apoyo de Enfermos con Hepatitis C (Gaehc) considera escasas las estimaciones de Sanidad para 2015. Temen que «sólo les vayan a dar los fármacos a los moribundos».

Lo que reivindican tanto los hepatólogos como los pacientes es que se agilice el proceso porque «sabemos que no están llegando con prontitud, ya que en muchos casos depende del propio gerente del hospital. Ya notamos desigualdades entre comunidades cuando salieron los medicamentos de primera generación», apunta el presidente de la AEEH. Y es que el uso de estos nuevos medicamentos se hacen conforme al Informe de Posicionamiento Terapéutico (IPT) que realiza Sanidad junto a las sociedades científicas, «no los hacen los políticos para ganar elecciones», insistió Moreno. Los IPT se integran dentro de una guía terapéutica que es la que aprueban todas las comunidades, aunque cada una determina cómo la integra. Para que estas inequidades no se mantengan, el Ministerio ya trabaja en la elaboración de un Plan Estratégico que se desarrollará en el próximo trimestre y que en un primer momento «buscará conocer la epidemiología de la enfermedad y el número de pacientes tratados», aunque los hepatólogos esperan que «esté acompañado de una cuantía económica para que se pueda detectar a los no infectados y se pueda hacer un muestreo a la población de riesgo. El que se puso en marcha con el sida funcionó muy bien y debería hacerse uno similar». Moreno insistió en que la finalidad de este plan es «eliminar la infección en todos ellos».

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