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Un récord en la concentración de CO2 nos devuelve a la era de los mamuts

La Organización Mundial de Meteorología alerta de que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ha superado la de 2015.

  • En 2016, la concentración atmosférica de CO2 -principal gas de efecto invernadero de larga duración- alcanzó 403,3 partes por millón (ppm), por encima de los 400 registrados en 2015.
    En 2016, la concentración atmosférica de CO2 -principal gas de efecto invernadero de larga duración- alcanzó 403,3 partes por millón (ppm), por encima de los 400 registrados en 2015. / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

31 de octubre de 2017. 00:58h

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Belén V. Conquero 30/10/2017

Los homínidos empezaban a abandonar las cuatro patas y a erguirse sobre sus dos piernas hace entre tres y cinco millones de años, así como el mamut se erigía como el rey. Durante esta misma época, la del Plioceno, las temperaturas eran muy cálidas, el nivel del mar alto y los océanos iban ganando terreno. ¿Les suena?

La Organización Mundial de Meteorología (OMM) dio ayer, de nuevo, una mala noticia relacionada con los gases de efecto invernadero y, en concreto, con el dióxido de carbono (CO2) –uno de los principales responsables de cambio climático–. Su concentración en la atmósfera aumentó tanto en 2016 que hemos vuelto a superar el récord establecido un año anterior. Mientras en 2015 se alcanzaron las 400 ppm (partes por millón) de este gas, sólo 12 meses después las concentraciones alcanzaron las 403,3 ppm. Las principales razones que hay detrás de este incremento son de sobra conocidas: las actividades humanas y los efectos del fenómeno «El Niño» que provocó importantes sequías en las zonas tropicales, así como redujo el número de sumideros que absorben el CO2, como los bosques. «Los bruscos cambios en la atmósfera de los que hemos sido testigos a lo largo de los últimos 70 años no tienen precedente», afirma el informe de la OMM.

A sólo unos días de que se inicie la nueva cita climática en Bonn (Alemania), este documento no hace más que revalidar la necesidad de tomar medidas inmediatamente para evitar que cada año alcancemos un nuevo récord.

El informe apunta, de nuevo, a los principales emisores de este gas responsable de que vivamos una era climática similar a la del Plioceno: crecimiento demográfico, prácticas agrícolas intensivas, aumento de la deforestación, industrialización y el uso de energía de fuentes fósiles. Todo ello ha hecho que la concentración de CO2 en la atmósfera represente ya un 145 por ciento más que los niveles existentes en la era preindustrial (antes de 1750).

Desde 1990 se ha producido un incremento del 40 por ciento de las fuerzas de radiación responsables del calentamiento global y sólo entre 2015 y 2016 se incrementó un 2,5 por ciento. «Si no hacemos importantes recortes de las emisiones de CO2 y de otros gases de efectos invernadero, nos enfrentamos a un peligroso aumento de temperaturas hasta el final de este siglo, muy por encima de lo marcado en el Acuerdo de París. Las generaciones futuras van a heredar un planeta mucho más inhóspito», aseveró ayer Petteri Taalas, secretario general de la OMM.

Como explica Taalas, «el CO2 permanece en la atmósfera cientos de años e incluso más tiempo en los océanos. Sólo con fijarnos en las leyes de la física, éstas nos indican que nos enfrentamos a un mundo mucho más cálido y a unos cambios climáticos extremos. Hoy por hoy no existe una varita mágica que haga desaparecer el dióxido de carbono de nuestra atmósfera».

Así, como indica el informe, la última vez que la Tierra experimentó una concentración similar de CO2 fue hace entre tres y cinco millones de años, durante el ya referido Plioceno. Durante esos millones de años, la temperatura era entre 2 y 3 grados más cálida y el nivel del mar se situaba entre 10 y 20 metros más elevado.

«Lo que indica el boletín de la OMM es que estamos lanzando emisiones de forma desaforada. Es más, con las dinámicas actuales conseguir que el aumento de la temperatura a final de este siglo se quede en 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales es un deseo imposible, mientras que el de no superar los 2 tampoco será posible si no se toman las medidas ya», afirma a este diario José María Baldasano, catedrático de Ingeniería Ambiental de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).

De acuerdo con este experto, serían necesarias dos revoluciones para que lográramos reconducir la situación: «Focalizarnos en la reducción de emisiones, lo que implica un cambio de modelo socioeconómico con un verdadero cambio de modelo energético. El segundo factor es la necesidad de hacernos más eficientes en el uso energético. Pasar al coche eléctrico a través de una transición de gas natural, así como mejorar la eficiencia de nuestros edificios porque en España el 90 por ciento necesitan ser rehabilitados y modernizados». Estos son los principales elementos que Baldasano considera claves para evitar un nuevo récord.

No obstante, lo que no podemos olvidar es que el cambio climático hace años que ha llegado para quedarse. «A la Península Ibérica le afecta especialmente porque nos encontramos en una zona climática de transición». El catedrático insiste en que «los efectos ya son evidentes: las temperaturas van subiendo cada vez más y llueve menos, como nos está ocurriendo estas semanas». Es más, como ya han vaticinado varios expertos, «vamos hacia un invierno y un verano cada vez más largos. Así, las estaciones de transición –otoño y primavera– se van a reducir cada vez más, hasta casi desaparecer. A ello se suma que los episodios de olas de calor también van a seguir aumentando», subraya Baldasano.

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