domingo, 25 junio 2017
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El Ártico fue un gran lago de agua dulce

  • Hasta que se sumergió el puente terrestre entre Groenlandia y Escocia

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Vista desde el espacio de la extensión del Ártico comparado con 30 años antes
Vista desde el espacio de la extensión del Ártico comparado con 30 años antes
Reuters

El océano Ártico fue en su día un gigantesco lago de agua dulce hasta que entraron grandes cantidades de agua salada procedentes del Atlántico tras sumergirse el puente terrestre entre Groenlandia y Escocia, según un estudio realizado por investigadores del Instituto Alfred Wegener, del Centro Helmholtz para la Investigación Polar y Marina (Alemania), informa Servimedia. El estudio, publicado en la revista ‘Nature Communications’, se basó en un modelo climático elaborado por los investigadores para comprender con precisión por primera vez cómo se desarrolló la circulación atlántica tal y como la conocemos hoy. Cada año, cerca de 3.300 kilómetros cúbicos de agua dulce fluyen hacia el Ártico, lo que equivale a un 10% del volumen total de agua que todos los ríos del mundo transportan anualmente a los océanos. En el clima cálido y húmedo del Eoceno (hace entre 56 y 34 millones de años), la afluencia de agua dulce probablemente fue aún mayor. Sin embargo, a diferencia de ahora, durante ese periodo geológico no hubo intercambio de agua con otros océanos. La afluencia de aguas salinas del Atlántico y del Pacífico, que hoy encuentran su camino en el Ártico desde el Pacífico a través del estrecho de Bering y desde el Atlántico Norte con la cordillera entre Groenlandia y Escocia, no fue entonces posible porque la región que hoy está completamente sumergida estaba en ese momento sobre el mar. Una vez que desapareció el puente terrestre entre Groenlandia y Escocia surgieron los primeros pasos oceánicos, que conectaron el Ártico con el Atlántico Norte e hicieron posible el intercambio de agua. A través de un modelo climático, investigadores del Instituto Alfred Wegener simularon con éxito el efecto de esa transformación geológica en el clima. En sus simulaciones, sumergieron gradualmente la cordillera

a una profundidad de 200 metros. “En realidad, este proceso tectónico de inmersión duró varios millones de años”, aclara Michael Stürz, climatólogo y primer autor del estudio, quien añade: “Curiosamente, los mayores cambios en los patrones de circulación y las características del océano Ártico sólo se produjeron cuando el puente terrestre había alcanzado una profundidad de más metros por debajo de la superficie”. Ese umbral corresponde a la profundidad de la capa superficial mixta

y señala dónde termina el agua superficial relativamente ligera del Ártico y comienza la capa subyacente del agua que entra en el Atlántico Norte. “Sólo cuando la cordillera oceánica se encuentra debajo de la capa mixta de la superficie puede el agua salina más pesada del Atlántico Norte fluir hacia el Ártico con relativamente pocos obstáculos”, comenta Stürz. Este climatólogo subraya que “una vez que el paso del océano entre Groenlandia y Escocia había alcanzado esa profundidad crucial se produjeron cambios en el transporte de calor en el océano en el océano llegue a latitudes medias y polares. La teoría de que la cuenca ártica quedó aislada se apoya en el descubrimiento de los fósiles de algas de agua dulce en los sedimentos de aguas profundas del Eoceno que se han obtenido durante la perforación internacional cerca del Polo Norte en 2004. Lo que una vez fue un puente terrestre tiene ahora unos 500 metros bajo el océano y consta casi enteramente de basalto volcánico. Islandia es la única sección de ese puente que queda por encima de la superficie.

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