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En la robótica hagan caso (todavía) a Asimov

Sus leyes siguen estando vigentes pese a todos los avances registrados, según algunos expertos

  • Nao, un robot humanoide presentado recientemente en Tailandia
    Nao, un robot humanoide presentado recientemente en Tailandia / Reuters
Ernesto Villar Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

03 de abril de 2017. 07:26h

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Ernesto Villar Madrid. 3/4/2017

A simple vista, en pocos terrenos el tiempo pasa tan rápido como en el de la electrónica y la robótica, donde un año parece ser un siglo y una década, una eternidad. Pero hay quien reivindica lo contrario: que varía el envoltorio pero los cimientos permanecen inmutables. Y en esos cimientos está un visionario llamado Isaac Asimov.

Fue este escritor quien formuló las célebres «tres leyes de la robótica», allá por la prehistoria tecnológica: que un robot no deberá jamás hacer daño a un ser humano o permitir que un ser humano sufra daño; que un robot deberá obedecer siempre las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si entrasen en conflicto con la primera ley; y que un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley. Si la dicotomía es el robot o su creador, no hay discusión alguna.

La trilogía la ha puesto de nuevo de actualidad recientemente el experto en robótica Tom Sorell, de la Universidad de Warwick (Reino Unido), que hizo un alegato a la comunidad científica para que jamás rebasara los límites de la lógica en el campo de la inteligencia artificial, traspasando fronteras sobre las que no se pueda volver.

El debate ha llegado incluso a la Unión Europea, que ya se plantea muy en serio regular por ley cómo garantizar que el ser humano pueda tener, en última instancia, un “botón de la muerte” a accionar en caso de que los robots se salgan del tiesto. Sorell está de acuerdo: hay que garantizar que los robots se programen con la garantía de que no dañarán a los humanos.

Sorell, experto en ética robótica, trabajó en el proyecto financiado con fondos europeos ACCOMPANY, en el que se desarrolló un robot acompañante para ayudar a los más mayores a llevar una vida independiente, según informa la agencia de la UE Cordis. E incluso desde esta tarea aparentemente “inofensiva”, Sorell contempla con preocupación los riesgos que se avecinan.

Los robots, recuerda, son cada vez más sofisticados y se emplean en tareas más complejas destinadas a proteger y cuidar a los humanos. Algunos proyectos desarrollados en el seno de la UE con un ejemplo, desde la citada asistencia a personas mayores hasta robots dedicados a la recuperación del patrimonio artístico.

A juicio de este experto, el mayor riesgo, y el ámbito en el que es necesario dar un paso atrás para repensar lo que se está haciendo, es el de los drones, con todo tipo de usos, entre ellos el de la guerra.

De una manera o de otra, las leyes de Asimov han influido en los creadores de robots durante décadas, aunque los notables avances en inteligencia artificial obligan a marcarse unos límites que en ningún caso deben sobrepasarse. ¿Cuáles? En este caso, como en tantos otros, hagan caso a Isaac Asimov.

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