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Más allá de la música

Solitaria oreja para Ginés Marín con una complicada corrida de Alcurrucén.

Paco Delgado. 

Tiempo de lectura 4 min.

17 de septiembre de 2017. 02:00h

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Albacete. Novena de feria. Se lidiaron toros de Alcurrucén, el sexto corrido como sobrero, muy bien presentados y de juego desigual. Tres cuartos de entrada.

Juan del Álamo, de nazareno y oro, media (ovación que recoge la cuadrilla); dos pinchazos, aviso, bajonazo y cuatro descabellos (ovación).

Álvaro Lorenzo, de celeste y oro, pinchazo y media trasera (ovación); entera, aviso (vuelta al ruedo).

Ginés Marín, de soraya y azabache, entera (oreja); dos pinchazos (silencio).

Que de todo menos aburrida la novena función de la feria de Albacete, penúltima del abono y en la que se lidió un encierro de Alcurrucén muy bien hecho, serio, cuajado y que dio que hacer a sus matadores. Unos tuvieron más clase, otros mansearon, alguno se rajó... pero todos hicieron que la atención del público no se desviase del ruedo.

La cosa comenzó con drama, cuando Juan del Álamo, que había enganchado a la muleta al que abrió plaza y le llevó metido en el engaño en series largas y muy templadas, trastabilló y cayó ante la cara del astado, que hizo por él y le zarandeó de manera angustiosa, quedando el diestro salmantino desmadejado y parecía que herido. Llevado corriendo a la enfermería mató al toro Álvaro Lorenzo, recogiendo el tercero de la cuadrilla la ovación que dedicó el público al torero herido.

Lorenzo fijó en los medios a su primero, el más en núñez del conjunto, al que sacó una faena ligada, limpia y valiente, en la que el animal, al verse superado, acabó rajándose, aunque todavía le robó otra colección de muletazos de excelente factura, con la planta inmóvil y las ideas muy claras, estropeado todo al final con el estoque. El quinto no quiso saber nada de nadie en los dos primeros tercios, corriendo a lo loco por el ruedo sin fijeza alguna y de caballo en caballo. Pero el toledano le sujetó en los medios para dejar otro trasteo poderoso, de mano baja y mente clara que le habría valido una oreja de no haber caído baja la espada.

Entendió perfectamente Ginés Marín al tercero, engallado y cuesta arriba, muy serio, manseó de salida pero a más conforme avanzó su lidia. Toro al que obligó mucho el diestro extremeño desde el primer momento y sometiéndole totalmente, aunque al natural el toro no humilló tanto. Lo que no impidió a Marín llevar los muletazos hasta el final, incluso cuando el morlaco comenzó a quedarse más corto.

El sexto se estropeó en el chiquero y, tras varios minutos de incertidumbre, le sustituyó un sobrero también de Alcurrucén que se revolvía con peligro y midió mucho, siempre pendiente de un torero que se jugó el tipo.

Del Álamo salió para matar al cuarto, al que consintió mucho y con el que se lució en una faena basada en el toreo en redondo. Fue una lastima que no acertase a la hora de matar, volviendo de nuevo a la enfermería visiblemente mermado.

Y todo ello con la música actuando por libre, tocando viniese o no a cuento y enfadando al respetable.

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