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Un arranque de diésel

Mario Palacios abre la primera puerta grande en Algemesí

  • Mario Palacios, en una imagen de archivo
    Mario Palacios, en una imagen de archivo
Paco Delgado. 

Tiempo de lectura 2 min.

29 de septiembre de 2017. 04:21h

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Algemesí, 24 de septiembre. Segunda de feria. Lleno.

Cuatro novillos de Aída Jovani, desiguales de presencia pero de buen juego en conjunto, y uno para rejones de Prieto de la Cal, distraído.

Mario Palacios (de grana y oro), oreja y oreja.

Carlos Ochoa” (de pavo y oro), silencio y silencio.

Martín Burgos, silencio.

De las cuadrillas destacaron Roberto Ortega y Pedro Lara.

Aunque ya hubo trofeos y se abrió la puerta grande, la feria parece ir aún al ralentí, al tran tran, cogiendo velocidad poco a poco, sin un arranque vertiginoso, como de diesel en vez de queroseno. Y eso que la gente -que una vez más colmó los peculiares tendidos de esta peculiar plaza- es de una generosidad extraordinaria y están deseando el menor gesto de un torero para jalearle y procurarle lo que sea. Pero ni así ni a pesar de que ayer se lidiase un encierro de Aída Jovani, desigual de presencia pero de un homogéneo buen juego, que dio muchas papeletas a unos novilleros que no acabaron de aprovecharlas.

Mario Palacios paseó la primera oreja de la Feria de las Novilladas de Algemesí. Lo hizo tras matar con habilidad y facilidad a un buen novillo de la ganadería que se anuncia a nombre de la hija de Pedro Jovani. Un utrero con cuajo y arrobas, noble y con fijeza que fue creciéndose, siempre a más y con el que su matador no acabó de aclararse. Otra oreja se llevó - convirtiéndose en el primer triunfador de la feria- del cuarto novillo, un astado más bajito que peleó con ganas en el caballo y que pese a lo duro que se le dio en varas -una consntante en los dos primeros días de serial-llegó a la muleta pronto y repetidor, con un muy buen son que permitió a Palacios torear al natural con temple y profundidad, aunque poco a poco, conforme avanzaba la lidia, su labor se fue yendo a menos.

Carlos Ochoa, que se lució al recibir de capa al segundo de la tarde y en el posterior quite, perdió la oreja al fallar con el verduguillo tras una faena en la que anduvo sobrado y por encima de un novillo feíto y tan blando como bondadoso, al que trasteó con suficiencia pero sin emoción.

Fue el quinto otro astado serio y con hondura pero que acusó el fuerte castigo en varas y que no acabó de definirse en el tercio de muerte. Y aunque Ochoa dejo muletazos aislados de buen trazo se le fue su turno en ensayos y probaturas que no tuvieron resultados palpables.

Entre los dos novilleros y antes de la merienda actuó el rejoneador Raúl Martín Burgos que se las vio con un novillo de Prieto de la Cal muy en el tipo de la ganadería, alto y muy distraído con el que estuvo fácil y solvente, procurando clavar siempre arriba y reunido perdiendo la opción a premio al amorcillarse el animal y tardar mucho en doblar..

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