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¿Se desinfla el fenómeno de las «Fake news»?

Según un informe de Kantar, la difusión de redes sociales de las noticias falsas refuerza la confianza en los medios tradicionales

  • A la izda., imagen de un manifestante que dijo que fue agredido en 1-0, cuando lo hicieron los Mossos en 2012; a la dcha.; una información que afirmaba que las empresas que habían salido de Cataluña no pagarían impuestos, algo que fue desmentido
    A la izda., imagen de un manifestante que dijo que fue agredido en 1-0, cuando lo hicieron los Mossos en 2012; a la dcha.; una información que afirmaba que las empresas que habían salido de Cataluña no pagarían impuestos, algo que fue desmentido
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Cecilia García Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

02 de noviembre de 2017. 23:26h

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Cecilia García Madrid. 2/11/2017

Las redes sociales son similares al viejo Oeste: quien tenga el gatillo más rápido gana el duelo. En Twitter o Facebook ocurre lo mismo, aquel con un dedo más ágil publica una noticia falsa y le siguen otros igual de raudos con el pulgar que retuitean, le dan «me gusta» y, en el caso de la página de Mark Zuckerberg, lo publican en su muro, convitiéndose en cuestión de minutos en una noticia viral sin que nadie cuestione su veracidad. Según el estudio de Kantar «Confianza en las noticias», a partir de un sondeo entre 8.000 personas de Francia, Brasil, Gran Bretaña y Estados Unidos acerca de la cobertura mediática de las convocatorias electorales en estos países, se revela que para casi seis de cada diez entrevistados las noticias publicadas en redes sociales y aplicaciones como WhatsApp son menos fiables. En el caso de seis mil de ellos su confianza en las publicaciones impresas se ha mantenido igual o ha ascendido desde que surgieron las «fake news», una tasa que es cercana al 80 por ciento.

Más influencia en jóvenes

En estos cuatro países, el 46 por ciento cree que las noticias falsas han influido en el resultado de las últimas elecciones. Sobre todo en Estados Unidos (un 47 por ciento) y en Brasil (69 por ciento). Entre los jóvenes, las páginas webs de noticias, que incluyen vídeos y «podcast», han superado a la televisión como primera fuente para informarse. En menores de 35 años las redes sociales se han convertido en un canal de comunicación tan importante como la pequeña pantalla (un 65 por ciento frente a un 69). Sin tener datos estadísticos sobre España, nuestro país no es ajeno a este fenómeno. «No solemos verificar si esas noticias son ciertas y, al compartirlas con nuestros contactos, provoca que se extiendan. Son hábiles y escriben titulares más llamativos», explica David Fernández, miembro del equipo del sitio web «Maldito bulo», que quiere subrayar que si éstas se propagan por WhatsApp «su difusión es incontrolable».

Fernández sitúa su eclosión en 2016, en el proceso electoral presidencial estadonidente que ganó Trump. «Él las utilizó como una herramienta para desmentir noticias veraces que estaban contrastadas. A ello hay que sumar la acción de los ‘‘hackers’’ rusos».

Pero, ¿qué ocurre en España? El caso de los refugiados y la deriva independentista de Cataluña ha impulsado las «fake news». ¿Quiénes están detrás? Según Fernández, «en ambos casos, y sobre todo con los refugiados, son páginas webs con un rasgo ideológico muy sesgado que tienen el ánimo de engañar». Pone dos ejemplos: aquella fotografía que mostraba a policías pegando a ciudadanos que, en realidad, correspondía a una carga de los Mossos d’Esquadra durante la huelga general de 2012 y una imagen de un grupo con una estelada –dibujada por «photoshop»– que eran bloqueados por la Guardia Civil.

Para frenar este virus, Fernández cree que es fundamental implantar una labor de pedagogía entre los jóvenes para «fomentar su espíritu crítico ante las informaciones. No puede ser que se desconfíe de lo que publica un periódico, a pesar de que su enfoque sea distinto, y se crea más en lo que te envía un amigo sin saber la fuente».

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