

Ciencia
El Hombre de Vitruvio es, con toda probabilidad, el dibujo más analizado de la historia del arte occidental. Leonardo da Vinci lo trazó hacia 1490 para ilustrar las proporciones ideales del cuerpo humano según el arquitecto romano Marco Vitruvio, y desde entonces ha inspirado a generaciones de científicos e historiadores que buscan comprender la lógica matemática que subyace en cada trazo. Pese a siglos de estudio, un detalle fundamental permanecía sin explicación convincente.
Las notas manuscritas del propio Leonardo junto al dibujo ofrecen instrucciones precisas: la figura debe abrir las piernas hasta reducir su estatura en un catorceavo y alzar los brazos hasta que los dedos toquen la línea superior de la cabeza. Lo que nunca quedó claro es por qué eligió esas proporciones exactas ni qué principio geométrico las gobernaba. Los expertos han propuesto decenas de hipótesis a lo largo de los siglos sin cerrar el debate.
La respuesta ha llegado desde un ámbito que nadie habría predicho. Un profesional de la odontología afincado en Londres ha identificado en la zona genital de la figura un patrón geométrico que conecta el dibujo renacentista con leyes de la física no formalizadas hasta el siglo XX. El hallazgo replantea nuestra comprensión de la profundidad intelectual del maestro florentino.
Rory Mac Sweeney publicó sus conclusiones en el Journal of Mathematics and the Arts en 2025. Según informa ScienceAlert, el investigador midió la relación entre la apertura de los pies y la altura del ombligo en la figura vitruviana y obtuvo un valor de entre 1,64 y 1,65. Esta cifra coincide con la proporción tetraédrica (1,633), que describe el empaquetamiento óptimo de esferas en el espacio tridimensional y que no fue establecida de manera formal hasta 1917.
Lo que condujo a Mac Sweeney hasta este hallazgo fue su propia especialidad. En odontología existe el triángulo de Bonwill, descrito en 1864, que define la geometría funcional de la mandíbula humana y se rige por esa misma constante. Al estudiar el célebre dibujo del maestro renacentista, el dentista reconoció un patrón idéntico al que observaba a diario en sus pacientes. Leonardo escribió de forma explícita que el espacio entre las piernas abiertas debía formar un triángulo equilátero, pero nadie hasta ahora había vinculado esa forma con una constante física universal.
La hipótesis de Mac Sweeney trasciende la historia del arte para adentrarse en la biología evolutiva. Su propuesta sostiene que la anatomía humana evolucionó conforme a principios de organización espacial óptima, los mismos que gobiernan la disposición de átomos en un cristal o la estructura de las colmenas. Leonardo, mediante su capacidad de observación, habría intuido un patrón natural que la ciencia tardó siglos en formalizar.
Análisis recientes del ADN de Leonardo y de sus obras confirman que el maestro florentino trabajaba con una metodología que hoy calificaríamos de científica. Su obsesión por la proporción y la medida no era capricho artístico, sino un intento sistemático de descifrar las leyes que rigen la forma de los seres vivos, como demuestran sus estudios sobre mecánica y movimiento.
El investigador londinense ha aportado una pieza clave en ese rompecabezas que el maestro dejó inconcluso hace más de cinco siglos y que la ciencia moderna va completando poco a poco.

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