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Suplementos medicinales: Puro efecto placebo

Los expertos alertan de que sólo se han de emplear en situaciones médicas justificadas y nunca en sustitución de alimentos. Muchos carecen de los efectos que prometen. Por su parte, las organizaciones de consumidores europeas denuncian el vacío legal en el que se mueven estos compuestos

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30 de octubre de 2017. 16:05h

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Pilar PérezEva S. Corada 30/10/2017

Tomar suplementos alimenticios o nutricionales está a la orden del día y su consumo se ha disparado en los últimos años. Según los datos que maneja la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), en torno al 20% de los consumidores europeos reconoce tomar algún suplemento de este tipo, un porcentaje que se dispara en los países del norte del continente, como Dinamarca, donde supera el 60%, como apunta su homóloga europea BEUC. Pero la comunidad médica también alerta de un uso masivo de este tipo de productos. Así, lo ha manifestado Javier Aranceta, que durante su presidencia del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, en el marco del XXIV Congreso Nacional de Medicina General y de Familia celebrado recientemente, apuntó que muchas de las personas que usan este tipo de productos toman además medicación de forma regular y pueden darse interacciones no deseadas. O no producirse nada, como apunta un estudio internacional publicado en «Psychological Science». En el trabajo de EE UU que dirigió Wen-Bin Chiou, desde la Universidad Nacional de Sun Yat-Sen (Taiwan), se demostró que estos productos tenían un efecto ilusorio en los «pacientes» que se mostraban inmunes frente a los riesgos de salud, ya que se escudaban en que tenían «refuerzos» procedentes de estos suplementos, aunque en el estudio todos tomaron placebo.

Quizás uno de los primeros puntos que se debiera abordar es cómo denominarlos, porque como bien apunta Teresa Ortega Hernández-Agero, del Departamento de Farmacología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), no es lo mismo complementar que suplementar, ya que lo primero significa aportar y lo segundo sustituir, y el marco legal bajo el que se amparan es el de complementos. Pero la traducción del inglés, errónea en este caso, hace que de forma habitual se les denomine suplementos. Así Ortega refiere a que «los complementos alimenticios se definen en la Directiva 2002/46/CE del Parlamento Europeo (transpuesta a nuestro ordenamiento jurídico por el Real Decreto 1487/2009)» y que también están perfectamente regulados por Sanidad, en concreto por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan). Ésta recoge que «los complementos alimenticios no pueden sustituir una dieta equilibrada. Una dieta variada y rica en frutas y verduras puede aportar todos los nutrientes (vitaminas y minerales) que necesita el individuo». Ortega subraya que «las propiedades de algunos de ellos han sido evaluadas in vitro, in vivo en animales de experimentación y en algunos casos a través de intervenciones nutricionales o ensayos clínicos en el hombre, no obstante por lo general aún queda mucho por hacer».

En este sentido, Pilar Riobó, jefa asociado de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, recalca que «se abusa mucho de ellos y no se ha demostrado que tengan el mismo efecto que una dieta equilibrada». Desde un punto de vista médico, Riobó matiza que «se emplea la suplementación de vitamina D en personas con bajos niveles durante los meses de invierno. Son útiles los de vitamina B12 en pacientes que toman otras medicinas que la alteran, como los diabéticos que están medicados con metformina o los pacientes que tienen omeoprazol como tratamiento crónico. O los de omega 3 en quienes no pueden tomar pescado por intolerancia. También se ha demostrado la utilidad del grupo denominado sysado en artritis y artrosis». Porque pese a las críticas, los médicos, y siempre bajo su supervisión, creen que algunos compuestos sometidos a estudios rigurosos, con casi las mismas exigencias que a un fármaco, tienen utilidad terapéutica, pero no todos y de forma generalizada.

Y esa es la preocupación de BEUC y de la comunidad médica. Ortega apunta que «la utilización con fines preventivos y/o terapéuticos debe ir asociada necesariamente a una garantía de eficacia y seguridad, lo que se conseguirá solamente si se emplean productos de calidad, adquiridos en establecimientos sanitarios como son las oficinas de farmacia, y bajo la supervisión de un profesional sanitario como son médicos, farmacéuticos, fisioterapeutas y/o enfermeros». Porque las interacciones y los problemas existen y, como apuntan desde BEUC, «que sea natural no significa que sea inocuo y que no interfiera en otros procesos». Resulta útil el ejemplo que Riobó ofrece: «En el estudio denominado ATBC, en el que pacientes fumadores empedernidos, con alto riesgo de desarrollar enfermedades y cáncer de pulmón que no van a dejar de fumar, se les trató a un grupo con suplementos de vitamina E y betacarotenos, se tuvo que suspender debido a que los grupos suplementados presentaron más enfermedades que el grupo de control tratado con placebo».

La experta en Farmacia de la UCM añade que «por otra parte es necesario advertir de que su mala utilización o su empleo en concentración superior a la recomendada podría dar lugar a reacciones no buscadas. Por ejemplo, hoy se sabe que un exceso de antioxidantes puede dar lugar a efectos prooxidantes o que el consumo de determinados complementos en grupos de población especiales pueden no estar aconsejados».

¿100% naturales?

Una vez llegados a este punto, abierta la caja de Pandora, hay que abordar el tema de la composición de estos productos. Porque no todos son iguales y porque, como asegura Riobó, «hay tantas presentaciones que no se pueden definir a bote pronto los usos. Y hay muchas diferencias entre unos y otros, no se puede meter a todos en el mismo y sus efectos difieren entre sí». Saber qué tienen es importante. Y no sólo porque preocupe a los profesionales, ya que «la eficacia de estos complementos alimenticios está directamente relacionada con su composición química, y ésta con su calidad. Los componentes activos, al igual que ocurre con los medicamentos, deben alcanzar sus dianas terapéuticas en concentración suficiente para activar o inhibir los procesos bioquímicos que determinarán sus efectos biológicos beneficiosos». Sino porque uno de los problemas se halla, según las organizaciones de consumidores en el «fraude de su composición».

¿PARA CUÁNDO UNA LEGISLACIÓN ARMONIZADA PARA ESTOS PRODUCTOS?

Establecer bajo qué paraguas legal deben regirse los suplementos es una demanda de las organizaciones de consumidores europeas, BEUC (que responde como siglas a la organización principal) desde hace ya algún tiempo. En un informe de 2016, la institución europea, con el apoyo de la OCU en representación de España, realizaba un informe en el que se manifestaba el vacío legal, al tiempo que se proponían seis cambios necesarios para homogeneizar su uso: establecer un sistema de clasificación armonizado en toda la UE, garantizar la seguridad de los ciudadanos, proporcionar información completa al consumidor, establecer unos límites mínimos y máximos (especialmente sensible en la definición de los valores de referencia cuando se refiere a productos para niños), crear un sistema de vigilancia (una suerte de «farmacovigilancia», como la de los medicamentos para tomar nota de interacciones con fármacos y otros productos) y admitir sólo alegaciones autorizadas (esto es, las alegaciones botánicas y de los alimentos deben basarse en pruebas científicas sólidas e independientes). Además, exigen establecer un marco legal para poder diferenciar entre suplementos dietéticos, complementos para deportistas y productos derivados de la medicina natural, porque el panorama actual es «caótico» debido a que cada país tiene su propia lista de sustancias prohibidas y aplica leyes distintas. Desde la OCU alertan de que «esto puede generar problemas en los consumidores: confusión, identificación errónea del producto, frustración y pérdida de dinero por la compra de productos ineficaces y que incluso les pueden producir efectos adversos al mezclarse con su medicación habitual».

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