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El ya ex cónsul en Washington pide perdón y dice que fue «una broma»

El diplomático cesado por burlarse de Susana Díaz lamenta que «no hay sentido del humor»

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Tiempo de lectura 2 min.

03 de agosto de 2017. 01:35h

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Andrés Bartolomé 2/8/2017

Destituido por burlarse de Susana Díaz en Facebook, el ya ex cónsul de España en Washington se mostró ayer aturdido por el revuelo causado, arrepentido de sus palabras y dolido por la forma en que se le mostró la puerta de salida. Enrique Sardá Valls pidió perdón por su «broma» admitiendo que fue «desafortunada» y «absurda», pero dijo que su cese es «desproporcionado» y se quejó de que en España ya no hay «libertad de expresión» ni «sentido del humor».

En una entrevista en Antena 3, Sardá pidió disculpas y admitió que había «molestado a muchísima gente». Eso sí, cree que su comentario se ha «sacado de contexto» y asegura que su intención no era incordiar, sino «seguir la broma» del grupo al que pertenece en la red social: «Se usa exactamente este lenguaje y esta manera de escribir», se excusó. Además, recordó que, «como cónsul», ha atendido a los andaluces «con gran placer» y confesó que se siente «muy ligado» al sur de España: «Adoro Andalucía y visito Andalucía muy a menudo», destacó.

El diplomático catalán no entiende «el revuelo» y lo que para él ha sido un «linchamiento», hasta el punto de que se le habría «quemado en la hoguera». Piensa que su «fulminante» cese es una medida «desproporcionada»: «Las decisiones tomadas en caliente nunca son buenas», sostiene. Sin embargo, acepta la decisión del titular de Exteriores, Alfonso Dastis: «Estoy a las órdenes del ministro y si el ministro decide que me tengo que ir, acepto la decisión».

Enrique Sardá tachó de «absurdo» que «una persona» como él, con casi 40 años de servicio al Estado, tenga que dejar su cargo por un «comentario en una publicación absurdamente absurda».Y reprochó al ministerio el modo en que se le comunicó el cese: «Fulminante, mediante una llamada telefónica, sin poder defenderme». Descontento que hace extensible hacia un país en el que «ya no existe libertad de expresión». «Se ha perdido por completo el sentido del humor –lamentó–. España, que era un país alegre y chistoso, ya no lo es nada».

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