Política

Doctrina Parot

«Las víctimas seguimos estigmatizadas y con miedo»

Alfonso Sánchez posa ayer con la imagen de Inés del Río
Alfonso Sánchez posa ayer con la imagen de Inés del Ríolarazon

Hoy se cumple un año de la derogación de la llamada «doctrina Parot». Un año desde que el Tribunal de Estrasburgo pusiese en la calle a la sanguinaria etarra Inés del Río, condenada a 3.828 años por 24 asesinatos.

Alfonso Sánchez: «Un año después, las víctimas son señaladas y continúa el miedo»

Víctima de Inés del Río e Inmaculada Noble del «comando Madrid»

Ha pasado un año desde que el Tribunal de Estrasburgo tumbara la retroactividad de la «doctrina Parot». Un año desde que la etarra Inés del Río, que intentó asesinar a Alfonso Sánchez en República Argentina, viera la libertad. Tras esta sentencia, el ex guardia civil vio cómo también la etarra Inmaculada Noble, otra de las integrantes que participaron en la preparación del explosivo para que saltara por los aires, veía la libertad sin que se pudiera hacer nada. Para Sánchez ha pasado un año desde que se «consumó la infamia» que propició esa fotografía en el Matadero de Durango «donde toda la gentuza en libertad por la Parot» se reunía. Asegura que en este tiempo «no ha cambiado nada», porque si paseas «por la comunidad vasca la gente sigue siendo señalada en los pueblos, sigue el miedo, las víctimas seguimos estigmatizadas».

Está decepcionado con los políticos, con el Gobierno, con la Justicia, porque cree que «se podía haber hecho más». Asegura que los simpatizantes de los etarras «se han crecido desde que tienen más dinero, más información y desde que están legitimados» «Tenían que haberlos ilegalizado a todos. Porque Bildu es ETA». Dice que la chulería abertzale es más incluso que cuando él era guardia civil en Eibar. «Las víctimas nos sentimos desplazadas mientras siguen los sanguinarios asesinos saliendo a la calle. Son los nuevos Bolinagas». Ante esto, recomienda a aquellos que dicen que todo ha terminado «que se den una vuelta por los pueblos vascos, pero sin escolta. Porque cuando fuimos nosotros casi nos apedrean». «Nos engañan con el coco de Podemos mientras miran con esto para otro lado».

Ana Uriarte: «Al asesino de mi padre le han dado un piso de protección oficial»

Hija del taxista de Bermeo, víctima del etarra Elías Fernández

«Hace tiempo que ya no me encuentro por la calle al asesino de mi padre; en el pueblo dicen que le han dado un piso de protección oficial y que se ha ido», cuenta a LA RAZÓN Ana Uriate Álvarez, quien hace un año revivió el trauma familiar al tener que convivir en Bermeo con el etarra Elías Fernández, quien, tras ser puesto en libertad tras la derogación de la «doctrina Parot», se instaló cerca de donde viven la viuda y los hijos de una de sus víctimas.

«A nosotros nadie nos ha dicho nada, ni nos advirtieron que conviviríamos en Bermeo con el asesino de mi padre, ni que ya no está aquí; sólo sabemos lo que se dice en el pueblo y la verdad es que es bastante injusto que le hayan dado un piso de protección oficial, porque resulta que van a tener más suerte que los demás». Ana Uriarte no puede ocultar su frustración ante las facilidades que se dan a los asesinos que han sido puestos en libertad gracias a la derogación de la «doctrina Parot», pero quiere ser prudente, porque su hijo tiene un gimnasio en el pueblo y sus hermanos, un bar. «Son negocios de cara al público y no nos conviene que se revuelvan las cosas», dice.

Ha pasado mucho tiempo desde que Elías Fernández asesinó a Juan José Uriarte, confundiéndole con un confidente de la Policía, y su familia ha rehecho su vida en Bermeo, a pesar de que en ese pueblo vizcaíno los héroes son los terroristas. Durante años, nos cuenta Ana, su familia ha tenido que ver encarteladas diarias en la plaza Tarasca, reclamando la libertad del etarra que mató a Juan José Uriarte y «hablando bien de él por los altavoces». «Los de su lado, que ya no se cómo se llaman, porque cambian continuamente de nombre, ya no se concentran para apoyarle, porque han conseguido lo que querían, ha salido de la cárcel», dice resignada.

No recuerda exactamente hace cuánto dejó de ver por Bermeo a Elías Fernández, pero sí lo mal que lo pasó la familia cuando hace un año se instaló en el pueblo el asesino de su padre. «Lo pasamos mal en aquellos momentos, pero qué vamos a hacer, seguir para adelante, el daño está hecho», comenta, negándose a que le hagamos una foto. «No puedo salir en la prensa, esto es un pueblo pequeño», insiste.