lunes, 21 agosto 2017
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La extrema izquierda española

En los años 80, François Mitterrand, que presumía de príncipe maquiavélico y no debió de ir mas allá de los escritos del cardenal Mazarino, encontró un expediente para mantenerse en el poder. El expediente consistió en alentar el surgimiento de una extrema derecha francesa, que Mitterrand conocía bien por haber simpatizado con el régimen de Vichy. La corrupción y la dimensión absolutista propias de la Quinta República hicieron el resto. Así fue como se enquistó en la vida política francesa una tercera fuerza, el Frente Nacional. Aquello perpetuó a Mitterrand en el Elíseo, que era de lo que se trataba.
En España hemos asistido a una maniobra parecida, realizada por un personaje –José Luis Rodríguez Zapatero– que presume de maquiavélico aunque no parece tan fino, por así decirlo, como el francés. En el socialismo español prevaleció desde su fundación una línea sindicalista, de clase, desconfiada ante el liberalismo (explotador), la democracia (formal, no representativa) y la nación (pura ideología). El triunfo de esta línea hizo de nuestro socialismo algo muy distinto del resto de los partidos socialistas europeos, partidos socialdemócratas en el auténtico sentido de la palabra: nacionales, demócratas y más cerca del liberalismo que del socialismo real. Con Felipe González se llegó a un equilibrio entre las tendencias radicales y la línea socialdemócrata, reciente y representada por él mismo.
Rodríguez Zapatero destrozó este equilibrio tenso y frágil. Con él volvió, en versión postmoderna, la antigua querencia radical. Resultado: el legado principal de Rodríguez Zapatero consiste en la aparición de la extrema izquierda española. Es todo un «tour de force», porque esta extrema izquierda no existía hasta ahora. Además, no se trata de un elemento relativamente periférico, como el FN francés. Se trata de una corriente enquistada en el núcleo mismo de la vida política, de las instituciones, del Estado. Los indignados y los okupas del 15-M son los niños mimados de los ministerios del Interior, de Educación y de Cultura, están relacionados con los ministros insumisos y los sindicatos subvencionados y participan, y encabezan, las movilizaciones sociales. Son la hijuela del PSOE, su creación íntima, soñada, ideal.
Mitterrand creó una extrema derecha francesa para evitar que gobernara la derecha. Rodríguez Zapatero ha creado la extrema izquierda española… ¿para qué? Por ahora, para ponerle las cosas difíciles a su sucesor, que no por casualidad pertenece a una generación anterior a él y –lógicamente– debería intentar reconducir esta deriva. Es complicado, porque la extrema izquierda representa ahora la seña de identidad del socialismo español, y porque él mismo depende electoralmente de esa franja lunática que se identifica con el nacionalismo radical, agrede a los jóvenes de la JMJ o saca a relucir banderas republicanas en las manifestaciones sindicales. Así se explica el cariz marginal de la campaña de Rubalcaba, sus eslóganes contra «los ricos», su perpetuo balbuceo entre la demagogia infantilista y la invocación del deber. Todo indica que Rodríguez Zapatero ha hecho imposible que el PSOE vuelva al poder durante mucho tiempo. Aun así, los socialistas siempre tienen reservada alguna sorpresa.
 

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