viernes, 23 junio 2017
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No hay delito caníbal

Se investiga al grupo de detenidos que componían la organización Los Tigres de Arkan y después la mafia serbia clan Zemun, como posibles autores de un delito de asesinato, descuartizamiento e ingestión de carne humana al acabar comiéndose a uno de los componentes de la banda. Este último hecho quedará sin castigo porque en la legislación española no está previsto el delito de comer carne humana.

La Policía Científica busca huesos roídos de animal bípedo implume en el puente de la Victoria de Madrid, en el río Manzanares. Comerse a alguien no es una forma de hacer desaparecer un cadáver; para eso hay métodos mejores y más rápidos. Comerse a alguien es parte de la semiótica de la violencia. Con ese gesto se disparan señales en todas direcciones. Los serbios, que supuestamente mataron al presidente Zoran Djindjic en Belgrado en el año 2003, tienen en sus filas a miembros seguidores de oscuros rituales. Por ejemplo, su alimentación es difícil porque temen que se les administren venenos o el suero de la verdad. En esa línea de pensamiento mágico saben que pueden enviar señales a los grupos que les hacen la competencia, por ejemplo comiéndose el corazón y el cerebro de los traidores.
Resulta que el jefe mafioso tuvo una discusión con la víctima, que le disputaba una mujer.

Dado que el otro se le resistía, este tipo, que podemos decir que provocó la captura de la célula debido a que no podía prescindir de su familia, mujer e hijos, también tiene veleidades de chulo con querida. De modo que acabaron matando al rebelde a martillazos. Se cree que se llamaba Milan Jurisic, Jure, quien dio pie a la escritura de una carta donde se recogen todos los extremos de la barbarie. La cosa llegó a ser tan grave que en la traducción del serbio se habla de «monstruosidad y asquerosidad». Lo primero que se comieron fue la próstata, que es lo primero que se come en esta clase de orgías gore. En seguida proceden a ingerir el órgano sexual.

La Policía busca ahora en el agua los huesos triturados. Han encontrado más de un centenar de fragmentos. Los buscan con un cedazo, tal y como se hace para sacar oro. Seguramente más de uno tendrá huellas de dientes clavados.

En la literatura se ha procurado siempre que cuando salga un episodio de esta naturaleza esté fundamentado en la necesidad. El primer caníbal que no le echó cuento fue El carnicero del Bois de Boulogne, Issei Sagawa, que se comió a su novia por placer. Hizo filetes de los muslos y guardó parte del pecho y otros lugares escogidos en la nevera. Luego se deshizo del cuerpo dejándolo en dos maletas en el bosque. Gracias a Issei Sagawa se han derribado varios mitos: del ser humano no se come todo –en eso el cerdo lo supera ampliamente– y hay partes desechables.

Algunos de Los Tigres de Arkan han resultado ser no sólo unos gatitos deseosos de adaptarse al clima mediterráneo, sino verdaderos buitres carroñeros. Uno de sus compañeros, La Bestia, informó a la Policía de que el jefe mató a Jure y trató de hacerlo desaparecer en la picadora, tal vez en forma de hamburguesa. Pero una bala rompió la máquina y echaron mano de una sierra para madera. Le quitaron la piel. Llenaron todo el piso de restos y mal olor, con mucha sangre y grasa. Tardaron cuatro o cinco días en limpiarlo. Era como para volverse loco. Hubo quien juró que no volvería a beber alcohol cuando comiera carne humana para evitar aquella resaca.
 

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