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Suspenso en alimentación infantil

Demasiadas grasas saturadas, proteína animal, azúcares y cocina precocinada. Comienza el curso con una asignatura pendiente en los hogares valencianos: que los niños coman mejor

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A. VIDAL.  Valencia.

Tiempo de lectura 4 min.

17 de septiembre de 2017. 20:24h

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Con el curso escolar ya en marcha y los ojos secos de los niños es tiempo de recuperar los buenos hábitos. A los más pequeños les toca madrugar, hacer los deberes, acostarse pronto y comer mejor. Nada de ello les va a resultar fácil, pero la realidad se impone y hay que contrarrestar los efectos de más de dos meses de juegos, piscina, helados y caprichos gastronómicos. Llega la hora de examinarse y no se han hecho los deberes. Las familias valencianas suspenden en alimentación infantil.

Rocío Práxedes, secretaria del Colegio Oficial de Dietistas y Nutricionistas de la Comunitat Valenciana, (Codinucova), da las pautas para que el regreso a la vida sana no suponga un trauma.

«Muchos niños prefieren dormir un poquito más que desayunar, pero al menos hay que conseguir que se tomen un vaso de leche o un yogur. Si además se añade un tostada con aceite de oliva con tomate, fenomenal. Además, les ‘cuelas’ un poco de verdura ya por la mañana», explica.

La hora del recreo es la hora del bocadillo. Lo tradicional se impone. Nada de bollería industrial. Un bocadillo (si es de pan integral, mucho mejor). «Aquí les podemos meter fiambre de pavo o jamón serrano o pescado enlatado, que se lo comen mejor (atún, bonito, sardinilla..)». El tamaño dependerá de las necesidades del niño. La nutricionista advierte de que no es bueno hacer distinciones en el menú familiar. «Un niño con sobrepeso no debe sentirse distinto a su hermano. Puede comer bocadillo, pero más pequeño».

La comida sería el momento estrella de la cuchara. Arroz y legumbres al menos dos veces por semana. «Nuestra dieta sobrepasa la proteína animal, así que esta es una buena alternativa». En la merienda se puede repetir bocadillo, pero es mejor optar por los frutos secos o los lácteos. En cuanto a la cena, Práxedes entiende la importancia de conciliar lo cultural con lo aconsejable. «No podemos pedir que se cene a las ocho de la tarde, pero los pequeños nunca deberían hacerlo más allá de las nueve de la noche». Este será el momento de completar la dieta y añadir carne o pescado si no se ha comido en todo el día. «Pero hay que insistir en que la verdura esté presente tanto en la comida como en la cena, al menos en forma de guarnición».

Pero la alimentación de los niños escapa muchas veces al control de los padres. Los comedores escolares se encuentran actualmente bajo la lupa de las autoridades sanitarias y administraciones competentes que, en algunos casos más que en otros, comprenden la necesidad de vigilar qué comen nuestros hijos.

«El problema es conciliar los planes del cocinero, la empresa de ‘catering’ y el profesional dietista y lograr que se pongan de acuerdo». La secretaria del Codinucova cree posible ofrecer un menú sano, saludable y que guste a niños y padres. «Es cuestión de voluntad y de cambiar mentalidades. Hace cincuenta años nuestros abuelos comían mejor con menos recursos. Falla la educación, que los padres, los colegios y las empresas entiendan que un plato barato como las legumbres, no tiene por qué ser malo».

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