jueves, 17 agosto 2017
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La auxiliar entró 4 veces en la habitación en hora y media «a poner el termómetro»

  • La cámara instalada hace dos años en el área de Medicina Interna captó las horas previas al fallecimiento de la anciana. Según la jueza, Beatriz causó la muerte «guiada» por un «sentimiento de animadversión al personal médico» del centro

Beatriz llevaba 13 años trabajando en el hospital y 10 en Medicina Interna. En la imagen, con las sábanas del centro
Beatriz llevaba 13 años trabajando en el hospital y 10 en Medicina Interna. En la imagen, con las sábanas del centro
Fotografía cedida

La cámara instalada en la planta 5B, zona de Medicina Interna del Hospital público Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, permitió a los investigadores de del Grupo de Homicidios de la Brigada Provincial de Policía Judicial determinar que la responsable de la muerte de Concepción, de 86 años, era la auxiliar de enfermería Beatriz López, en prisión provisional por un delito de asesinato desde el pasado lunes.

La profesional sanitaria reconoció en su declaración que entró hasta en cuatro ocasiones a la habitación 528, donde estaba ingresada la paciente que después falleció. Según adelantó Espejo Público, López entró «unas cuatro veces a poner termómetros», según explicó ella misma. Todo ello entre las 14:30 horas y poco antes de las 16:00 horas de aquel jueves 3 de agosto, porque poco antes de esa hora es cuando asegura que avisó a la enfermera encargada de esta paciente porque tenía fiebre alta. Es decir, entró cuatro veces enmenos de hora y media.

La auxiliar asegura que entonces le pidieron que llamara a los médicos, «a los internistas». «Y eso fue lo que hice», sostuvo ya en calidad de detenida y pocas horas antes de entrar en el centro penitenciario Madrid I- Alcalá Meco Mujeres, donde lleva ingresada desde el pasado lunes, cuando la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Alcalá decretó para ella prisión sin fianza.

Después, Beatriz aseguró que ya no hizo nada más y simplemente vio «cómo le estaban haciendo una reanimación cardíaca» a la enferma en la propia habitación. «Se la entubó con un Guedel, vomitó un poco de comida y cuando llegaron los intensivistas dijeron que no había nada que hacer y que la abuela estaba fallecida».

Esas cuatro veces que la auxiliar entró en la habitación 528, el lugar del crimen, debió ser, según fuentes cercanas a la investigación, para insuflar aire por la vía que Consuelo tenía puesta en el brazo para recibir de forma intravenosa los medicamentos, sueros etc. que le estaban suministrando esos días que estaba en planta. Una vía que al día siguiente ya le iban a quitar para darle el alta.

Según explicó ayer a este periódico el médico Carlos Amaya, para provocar una embolia gaseosa (la causa de la muerte de esta mujer) se necesita bastante cantidad de aire y no puede ser provocada por «accidente» al cambiar los goteos porque éstos ya llevan incorporados un sistema antiflujo libre y el aire que entraría es mínimo. «Se puede hacer con una jeringa grande, de las de alimentación, de 50 o 60 centímetros cúbicos y con una sola vez bastaría». Aunque los conocimientos de la auxiliar en la materia (sobre todo si no era la primera vez que lo hacía, como sospechan los investigadores) harían pensar que lo más razonable sería que hubiera utilizado una de estas herramientas para hacerlo de una sola vez, no se descarta que lo hiciera poco a poco, con una más pequeña, y que por eso entrara hasta en cuatro ocasiones a la misma habitación. Según el profesional, la muerte no tarda mucho en llegar. «El aire enseguida emboliza en las arterias cerebrales y en poco tiempo entra en coma», explica. Eso le ocurrió a la paciente de la habitación 528. Nada pudieron hacer por reanimarla. Fue cuando saltaron todas las alarmas entre los responsables médicos. Estaban, otra vez, ante una muerte extraña, por lo que llamaron a los investigadores de forma inmediata. Mientras se hizo un escáner para determinar qué podía haber ocurrido, los agentes se trasladaron al centro hospitalario y revisaron las últimas horas de la cámara instalada en la planta hacía ya dos años. Lo había autorizado al titular del juzgado de Instrucción número 4 de Alcalá de Henares, Mª Belén Pérez Salido y esta vez fue determinante para confirmar sus sospechas. Las pruebas debieron ser muy evidentess con respecto a esta auxiliar no sólo para fundamentar los motivos de su detención policial sino para plasmarlo en el atestado entregado al juzgado y que la jueza acordara su ingreso en prisión. Y no por un delito de homicidio sino de asesinato, es decir, que la magistrada aprecia de forma clara la intencionalidad de matar.

En su auto de prisión, la jueza argumenta que la intención de causar la muerte estaría «guiada presumiblemente por unos sentimientos de cierta animadversión al personal médico». De ser así, desgraciadamente, la acusada lo pagó quien no tenía nada que ver.

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