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El oportunismo electoral

Francisco Marhuenda. 

Tiempo de lectura 4 min.

24 de septiembre de 2014. 01:15h

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Al final ha triunfado el oportunismo electoral. El presidente del Gobierno ha decidido retirar un anteproyecto de reforma de la ley del aborto que fue aprobado por unanimidad en el Consejo de Ministros. Es un texto que contaba con todos los informes favorables y recogía lo que siempre ha defendido el Partido Popular, las siglas con que este Gobierno ganó las elecciones el 20 de noviembre de 2011. En la papelera quedan muchos años en los que los populares presentaron recursos en el Tribunal Constitucional, realizaron discursos y declaraciones defendiendo el derecho a la vida y una regulación razonable del aborto. Es el triunfo del relativismo moral y la indiferencia ante los principios y valores que tienen que conformar el servicio público y la actividad política. La satisfacción de los políticos, periodistas y medios defensores de la legislación que impuso el PSOE sin buscar ningún tipo de consenso es muy sintomática del grave error cometido. El gobernar implica tomar decisiones que pueden ser impopulares y provocar división. Tras escuchar que se retira el anteproyecto porque divide a la sociedad, cabe preguntarse por qué no se hizo lo mismo con tantas medidas adoptadas por este Gobierno que han generado un enorme rechazo social. Nadie esgrimió este criterio insólito cuando se aprobaba un real decreto ley tras otro. La victoria de los dirigentes populares que tienen una sensibilidad social de izquierdas y defienden la legislación abortista del PSOE es una grave derrota del PP. La marcha de Alberto Ruiz-Gallardón es un hito muy negativo en la historia de este partido. Ha demostrado que es un político con firmes convicciones, con sus errores y sus virtudes, pero que mantiene su coherencia hasta el final. Es un golpe muy duro para la credibilidad del partido, porque ha tirado la toalla el que fue su secretario general, alcalde de la capital de España y presidente de la Comunidad de Madrid. No es un tecnócrata sin carné del partido o un dirigente de segunda fila, sino una de las figuras más importantes del PP. Es el hijo de una persona extraordinaria que fue uno de los fundadores del partido y un gran jurista. Un amigo personal de Manuel Fraga que hizo enormes sacrificios, con una gran generosidad, para que el PP se convirtiera en un partido de gobierno. La satisfacción de Arriola y su mujer, Celia Villalobos, expresa muy bien el sentimiento de derrota de los que defienden la vida dentro del PP. No entiendo muy bien cómo puede ser que el Gobierno apruebe un texto por unanimidad y luego el oportunismo electoral imponga su retirada. Cuando era profesor de Derecho Constitucional no hubiera podido explicarlo en clase sin que se me cayera la cara de vergüenza; por suerte ahora me dedico a la Historia de las Instituciones y lo incluiré en el apartado de los errores e incoherencias históricas. Me gusta ser coherente y defenderé lo que haga bien Rajoy y su Gobierno, pero nunca un despropósito de estas dimensiones. Es posible que los «progres» del PP tengan razón y el miedo a Podemos haga que los votantes olviden lo sucedido, pero también puede ser que sea la gota de agua que colme el vaso. A lo mejor la gente se conforma con un Gobierno tecnocrático. No lo sé, pero lo dudo.

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