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«Apaches», donde termina la ciudad

La serie de Antena 3, basada en la novela de Miguel Sáez Corral, está ambientada en el madrileño barrio de Tetuán de los años 90, donde los protagonistas, en un entorno marginal, ejecutan una venganza

  • De izda. a dcha., Alberto Ammann y Eloy Azorín
    De izda. a dcha., Alberto Ammann y Eloy Azorín

Tiempo de lectura 4 min.

14 de enero de 2018. 00:35h

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Cecilia García 14/1/2018

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Recuerdo que, hasta la universidad y más allá, cuando decía que era de Carabanchel, por aquello de tener en el barrio una cárcel del mismo nombre, los graciosos de turno recurrían a la misma broma: «¿Y en qué celda vives?». Y es que, según en el barrio donde cada cual se cría –salvo los que se han improvisado de la nada para construir urbanizaciones con piscina– se arrastra un estigma. De eso se habla en «Apaches» –la serie que emite Antena 3 el lunes a las 22:40 horas–, de la necesidad que sienten algunos de escapar de la barriada en la que se han criado porque entendieron demasiado pronto, casi en la niñez, que permanecer ahí era confirmar el destino que tenían programado para ellos sus vecinos cuando aún no tenían tres palmos de altura: ser un drogadicto, un delincuente o un obrerucho que embrutecía aún más su frustración carajillo va, carajillo viene.

Regreso al pasado

Eso es lo que quiere evitar Miguel (Alberto Ammann), el protagonista de la serie. De ahí que abandone el madrileño barrio de Tetuán y se autoexilie en el centro para alejarse de lo que más odia y también de lo que más quiere. Pero, cuando a su padre le estafan hasta llegar a la ruina, tiene que volver para, cual designio divino, convertirse en lo que más repudiaba: un ladrón. En el primer episodio, durante un largo monólogo, se pregunta e inquiere al espectador: «¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a ir para salvar a la familia?». Esta frase, sin verbalizarla en los mismos términos, podría formar parte de cualquier película sobre la mafia, desde la trilogía de «El Padrino» pasando por «Uno de los nuestros» (1990), de Martin Scorsese. Solo que en «Apaches», la estructura delictiva es más rudimentaria, aunque los sentimientos son similares: el dolor, la venganza, la ira, la amistad y el amor en una coctelera que el espectador sabe desde el minuto va a explotar. Lo que no se sabe es en qué dirección.

«Apaches» es una producción que se aleja de los estereotipos de las series españolas. No es fácil encontrar en el catálogo de las cadenas generalistas un «thriller» urbano que se meta de lleno y con convicción en la marginalidad, en aquellos núcleos de población que viven en barriadas que la sociedad no quiere ver pero que, sin embargo, forman un micromundo del que se aprovechan muchos, desde rateros, a traficantes de droga de poca monta a bandas organizadas sin ningún «glamour». En los 90 la heroína, a no ser que se consumiese en La bobia, el Rock-Ola, La Vía láctea y El Penta, no era «cool». Hacerlo en un descampado correspondía a los desechos sociales.

Basada en la novela de Miguel Sáez Carral, lo mejor de «la ficción es que ha conseguido reflejar visualmente la estética de esos años, que aún perdura. Todavía quedan en Tetuán, Carabanchel, Villaverde y Orcasitas, por poner algunos ejemplos, bares como los que se ven en «Apaches»: decadentes, con mostradores con la formica desconchada y asientos con el polipiel roto. También naves que parecen talleres de reparación de vehículos que se han convertido en la guarida de personajes que imponen la ley en las calles como «El Chatarrero». «Apaches» huele a cerveza («Mahou», por supuesto), a tabaco y a la pestilencia que deja tras su paso los «Farias». Es una serie pretendidamente canalla, a pesar de que los personajes tengan alguna veta moral, aunque únicamente sea el orgullo y una dignidad de barrio –¡hay, esos códigos que aún perviven!– por donde asoma su humanidad. Los personajes son identificables y creíbles. Ammann se apropia de ese Miguel taciturno y resentido, y Eloy Azorín aporta un tono chulesco a su mejor amigo, Sastre. Aunque, después de ver el primer capítulo, se antoja que va a ser Paco Tous, como «El Chatarrero» el «robaescenas» del resto del elenco. Para eso es el villano en un entorno lleno de personajes miserables.

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