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Un papiro de tres milenios de antigüedad sugiere la existencia de humanos gigantes

Textos del Antiguo Testamento también relataban casos de humanos de gran tamaño

Papiro Anastasi I, conservado en el Museo Británico Espacio Misterio

Un antiguo pergamino egipcio custodiado en el Museo Británico demostraría que los gigantes bíblicos existieron realmente.

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Así, sin matices, lo proclamó el New York Post en un titular que se propagó con rapidez por medios sensacionalistas anglosajones. Es llamativo, provocador y —como suele suceder— exige un análisis minucioso antes de aceptarlo sin reservas.

El documento en cuestión no es ningún descubrimiento reciente ni un texto recién descifrado. Se trata del Papiro Anastasi I, conocido por la egiptología desde el siglo XIX. Debe su nombre a Giovanni Anastasi, diplomático y coleccionista que lo adquirió en 1839, antes de que pasara a formar parte de las colecciones del Museo Británico, donde se conserva en la actualidad.

¿Por qué, entonces, vuelve ahora a ocupar titulares? La explicación apunta a Associates for Biblical Research (ABR), un grupo estadounidense que no funciona como institución académica convencional, sino como organización comprometida explícitamente con la defensa de la historicidad literal de la Biblia desde una perspectiva creacionista. Su misión declarada es hallar correlatos arqueológicos que respalden los relatos bíblicos, incluso cuando la investigación académica mantiene posturas mucho más cautelosas.

El ABR ha centrado su atención en el papiro porque en él aparece una mención llamativa a un pueblo descrito como extraordinariamente alto. Pero antes de extraer conclusiones, conviene aclarar qué tipo de texto es realmente.

El Papiro Anastasi I es una composición literaria satírica utilizada para la formación de escribas durante el Periodo Ramésida, bajo las dinastías XIX y XX del Imperio Nuevo. No es un parte militar ni una crónica histórica en sentido estricto. Se trata de una carta ficticia en la que un escriba del ejército, Hori, escribe a su colega Amenemope con una finalidad muy concreta: ridiculizarlo. El texto abunda en ironías, exageraciones y reproches, y servía como modelo de retórica brillante frente a la supuesta ineptitud del destinatario.

En ese marco aparece el pasaje que ha reavivado la polémica. El papiro describe encuentros con los Shosu, nómadas semitas asentados al este del delta del Nilo y mencionados con frecuencia en fuentes egipcias. Según el texto, sus hombres medían “cuatro codos o incluso cinco codos” de altura. Traducido a medidas actuales, equivaldría aproximadamente a entre dos y dos metros y medio, una talla muy superior a la media de la época, que rara vez superaba el metro sesenta.

Recreación de la lucha entre David y GoliatEspacio Misterio

Para quienes defienden una lectura literal, aquí estaría la prueba: una fuente egipcia ajena a la Biblia que hablaría de hombres gigantes, reforzando los relatos del Antiguo Testamento. No solo la historia de Goliat, el filisteo vencido por David, sino una tradición más amplia. El Génesis menciona a los nefilim, descritos como “héroes de la antigüedad”, y el Libro de los Números relata cómo los exploradores israelitas afirmaban haberse sentido “como langostas” frente a los descendientes de Anac.

¿Constituye esto una confirmación histórica? Aquí el entusiasmo se enfría. La mayoría de egiptólogos recuerda que el Papiro Anastasi I no pretende documentar hechos reales, sino impresionar y satirizar. En un texto de carácter burlesco, la descripción de enemigos descomunales forma parte del recurso literario. Además, incluso aceptando la cifra de cinco codos, hablaríamos de individuos excepcionalmente altos, no de seres monstruosos de tres o cuatro metros como suele imaginar el folclore moderno.

La reliquia de Bir HookerEspacio Misterio

Y aun así, el debate no se extingue del todo. El papiro no es el único elemento citado por quienes buscan pruebas. Se mencionan también objetos polémicos como la llamada reliquia de Bir Hooker, un supuesto dedo momificado de tamaño extraordinario atribuido a un gigante y vinculado igualmente a Egipto. Una pieza envuelta en sombras, sin validación científica sólida, pero que mantiene viva la pregunta incómoda: ¿y si algunos relatos fueran algo más que exageraciones?

La arqueología académica es clara: no existen restos óseos verificados que demuestren la existencia de una raza desaparecida de gigantes humanos. Lo que sí está documentado es el gigantismo, una condición médica real presente en todas las épocas, capaz de producir individuos de estatura sobresaliente y, con ello, alimentar mitos persistentes.

El Papiro Anastasi I no prueba que los gigantes bíblicos fueran reales en el sentido literal que algunos desean. Pero tampoco es una invención contemporánea. Es testimonio de que, hace más de 3.000 años, ya circulaban relatos sobre hombres enormes que inspiraban temor y fascinación. Y cuando un mismo motivo aparece en Egipto, en la tradición bíblica, en América y en múltiples culturas, la cuestión deja de ser si existieron gigantes… y pasa a ser por qué la humanidad siente la necesidad de imaginarlos.

Y es precisamente ahí donde comienza el verdadero enigma.

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