Exposición

Las cerámicas de Picasso y Barceló dialogan con 5.500 años de historia en Cádiz

Sus obras cerámicas dialogan comparten espacio con vasijas neolíticas, ánforas fenicias y romanas, así como lozas islámicas

La exposición reúne 106 piezas de distintas épocas
La exposición reúne 106 piezas de distintas épocas Chema Artero

Las cerámicas de Pablo Picasso y de Miquel Barceló dialogan con piezas creadas desde el Neolítico en una exposición que recorre 5.500 años de historia de este arte y que ha sido inaugurada este jueves en el Museo de Cádiz.

"Reflejos. Picasso x Barceló. El diálogo cerámico de dos genios" es el nombre de esta muestra que reúne 106 piezas, 29 de Pablo Picasso (Málaga, 1881- Mougins, 1973), 58 de Barceló (Felanich, 1957), y 19 del Museo de Cádiz.

La consejera de Cultura y Deporte, Patricia del Pozo, ha destacado que la muestra expone "una línea invisible" que une más de 5.500 años de historia, desde el Neolítico hasta la actualidad, a través de la cerámica que, tanto para Picasso como para Barceló, "lejos de ser una actividad secundaria es un arte absolutamente mayor".

Tras su paso por el Museo de Almería, entre mediados del pasado mes de diciembre y hasta mediados de este mes de marzo, la muestra llega al Museo de Cádiz donde podrá verse hasta el próximo 28 de junio.

En su inauguración, Miquel Barceló ha destacado que la cerámica es "como la madre de la pintura y la escultura", un arte en el que comparte con Picasso una mirada "hacia el futuro y hacia el pasado al mismo tiempo, como si fuera una sola dirección".

Patrocinada por Fundación Unicaja, y comisariada por Miguel López-Remiro, director artístico del Museo Picasso Málaga y Laura Esparragosa, directora del Museo de Cádiz, supone una invitación a reconocer en Barceló el eco constante de Picasso, a través de la actitud experimental que ambos comparten para mantener un diálogo con el arte antiguo y moderno.

Para Picasso la cerámica fue un laboratorio de ideas tras la Segunda Guerra Mundial. En Vallauris, descubrió en el barro un medio dúctil que le permitía unir pintura, escultura y objeto, transformando platos, jarras y vasijas en cuerpos humanos, seres mitológicos o escenas cotidianas, y enlazando con las tradiciones alfareras de Andalucía y el Mediterráneo.

Barceló llegó a la cerámica en los años noventa, durante su estancia en Malí. Allí aprendió técnicas ancestrales de la comunidad dogón y convirtió un accidente en revelación: la cerámica se convirtió en un territorio de exploración donde lo ritual, lo corporal y lo experimental confluyen. Sus piezas llevan inscritas las huellas del proceso físico, convirtiéndose en superficies vivas que conservan la energía del instante.

Sus obras cerámicas dialogan ahora con vasijas neolíticas, ánforas fenicias y romanas, lozas islámicas "ofreciendo un viaje por la historia del arte, desde el Neolítico a la contemporaneidad", ha señalado Del Pozo.