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Sociedad

Cuando la campaña agrícola cambia vidas 

Más de 220 temporeras marroquíes inician en Huelva la segunda edición del proyecto de emprendimiento Wafira

Temporeras marroquíes del programa Wafira. COOPERATIVAS AGOALIMENTARIASEUROPAPRESS

Fatima Laanieg no pensaba que sería capaz de emprender cuando llegó a Huelva por primera vez. Venía a trabajar. A cumplir una campaña. A regresar con ahorros. Hoy ha cumplido el sueño de tener una pequeña tienda de desavío en su comunidad en Marruecos y lo ha hecho gracias al proyecto Wafira, una iniciativa que permite a temporeras marroquíes regresar a su país con nuevas habilidades y proyectos propios de emprendimiento.

«Antes no me veía capaz. Wafira me enseñó que podía hacerlo. Me siento más fuerte, con ideas y con ganas de crecer», explica a LA RAZÓN esta participante de la primera edición. Su historia no es una excepción. Es el resultado de un modelo que está redefiniendo la migración circular. Porque Wafira es mucho más que una solución laboral, es un proyecto europeo que se ha convertido en una palanca de desarrollo personal y económico para las mujeres, y de transformación social internacional para el mundo, que tras el éxito de la pasada campaña repite en la actual con la participación de 225 mujeres. Este modelo no se entiende sin el papel del sector agrícola onubense. «Aquí no hablamos solo de mano de obra. Hablamos de personas y de responsabilidad. Las cooperativas llevamos años implicadas en que este sistema de contratación en origen funcione con garantías y con dignidad, y Wafira nos está ayudando a dar un paso cualitativo más», señala Francisco Javier Contreras Santana, presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de Huelva.

Aziza Zbirat recuerda con precisión el momento en que algo cambió. Fue en una de las sesiones de formación en Huelva. «Nos trataron con mucho respeto y cariño. Nos hicieron sentir importantes. Wafira me ha permitido tener mi propio negocio», cuenta otra de las participantes que hoy gestiona su propia plantación de plátanos en Marruecos con una visión distinta: la de quien ya no solo trabaja, sino que emplea a su familia.

Cuando vuelve a Huelva, deja la plantación en manos de su marido e hijos, pero todos los días le dedica un rato a gestionar en la distancia. Las dos coinciden en algo: la experiencia en Huelva fue determinante, pero no solo por el trabajo en el campo. «El equipo docente nos ayudó a vernos de otra manera. A ver la importancia de la mujer. No era solo aprender, era creer que podíamos», resume.

Desde el sector, el enfoque es claro: sostenibilidad económica y social deben avanzar juntas. «Para nosotros es fundamental que las mujeres que vienen a la campaña lo hagan en un entorno adecuado y con oportunidades reales. Wafira añade el valor diferencial de conectar su trabajo aquí con un futuro allí», apunta Francisco Contreras, para quien «todos los socios del proyecto Wafira estamos demostrando que se puede hacer bien: con orden, con respeto y generando impacto en ambos territorios». Y por ello ya está en marcha Wafira II, un nuevo itinerario en el que participan 225 mujeres y que vuelve a combinar el trabajo agrícola con la formación en competencias personales y emprendedoras. Entre otras novedades, destaca la incorporación en Huelva de la metodología internacional GET Ahead, impulsada por la Organización Internacional del Trabajo, y el refuerzo de los recursos para ampliar la calidad formativa y el acompañamiento.

«Ahora hay más estructura, más herramientas y más apoyo. Se nota que el proyecto se ha consolidado», explica Javier Ramírez de la Secretaría de Estado de Migraciones, entidad que lidera Wafira.

El salto también es internacional. A la cooperación entre España y Marruecos se suman nuevos países como Francia, Portugal, Mauritania y Cabo Verde, con el objetivo de consolidar el modelo y replicarlo. «Wafira no es un proyecto puntual. Es una línea de trabajo que queremos consolidar como referencia en migración circular», subraya Ramírez.

Los datos avalan el enfoque: más de 250 mujeres acompañadas en la primera edición y más de 200 actividades económicas puestas en marcha en Marruecos. Pero el impacto real es menos cuantificable y más profundo. «No solo cambió mi trabajo. Cambió cómo me veo a mí misma», insiste Fatima. Ese cambio es, precisamente, el objetivo del programa: que la campaña agrícola no sea un paréntesis, sino el inicio de un proceso de autonomía económica sostenida.

Wafira II está liderado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, financiado por la UE a través del Migration Partnership Facility y desarrollado con el apoyo del International Centre for Migration Policy Development. En su implementación participan, además, la Organización Internacional del Trabajo, las autoridades marroquíes –incluyendo el Miepeec y Anapec– y Cooperativas Agro-alimentarias de Huelva como socio clave en España. La participación del sector agrícola implica un mensaje claro: no solo produce alimentos, también puede generar oportunidades. En palabras del presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de Huelva, «cuando una mujer vuelve a su país con un proyecto de vida, el impacto va mucho más allá de la campaña. Eso también es desarrollo».