Seguridad
Zaragoza endurece el control sobre patinetes y bicicletas para atajar una siniestralidad de 500 accidentes anuales
El uso de auriculares conllevará multas de 200 euros, mientras que el casco y las luces fijas son obligatorios para circular por todas las vías de la capital
Circular por las calles de la capital aragonesa a lomos de un patinete eléctrico o una bicicleta ya no permite el aislamiento sonoro. Las autoridades municipales han intensificado la vigilancia sobre una de las imprudencias más extendidas y, a menudo, subestimadas: el uso de cascos y auriculares. La seguridad vial en el entorno urbano exige una atención sensorial plena, y cualquier descuido que comprometa la capacidad de reacción ante un imprevisto se traduce ahora en un castigo directo al bolsillo del infractor.
Según los protocolos de la Policía Local de Zaragoza, el uso de dispositivos conectados a receptores de sonido está terminantemente prohibido mientras se manejan estos vehículos. Esta infracción conlleva una sanción económica de 200 euros, siguiendo el baremo estipulado por la Dirección General de Tráfico (DGT). La normativa estatal es taxativa: los Vehículos de Movilidad Personal (VMP) ostentan la consideración jurídica de "vehículo" a todos los efectos. Por tanto, sus conductores están sujetos a las mismas restricciones que los de un turismo, priorizando la convivencia con el peatón.
Tolerancia cero con la distracción
El marco normativo, coordinado por el Ayuntamiento de Zaragoza, endurece también otros requisitos técnicos para frenar la indisciplina vial. En el caso de los patinetes, el uso del casco es obligatorio, al igual que mantener las luces encendidas las 24 horas del día. Asimismo, queda prohibido transitar por las aceras, relegando estos dispositivos exclusivamente a los carriles bici o calzadas habilitadas, siempre que el usuario sea mayor de 16 años. Para los ciclistas, aunque el alumbrado es imperativo solo en horario nocturno, se recomienda el uso de prendas reflectantes.
Este incremento de la presión policial no es arbitrario, sino que responde a una realidad estadística alarmante. La ciudad contabiliza más de 500 accidentes anuales con bicicletas o patinetes implicados, con consecuencias que oscilan entre lesiones leves y siniestros de extrema gravedad. En un escenario donde la movilidad alternativa gana terreno, prescindir del sentido del oído constituye una temeridad que las administraciones ya no están dispuestas a tolerar. La prioridad absoluta es reducir la siniestralidad y garantizar que el asfalto no se convierta en un factor de riesgo evitable.