Reliquias españolas
El pueblo de Asturias que se ha convertido en un museo al aire libre: tiene más obras de arte que habitantes
Con solo una docena de vecinos, esta aldea de Ibias ha apostado por el arte para conservar su identidad

Villaoril, una pequeña aldea del concejo de Ibias, en el suroccidente de Asturias, desafía las estadísticas de la despoblación en los destinos rurales con una singularidad difícil de encontrar en otros puntos del mapa. En este núcleo de apenas una docena de vecinos, el arte ha echado raíces hasta el punto de superar en número a quienes lo habitan. El resultado es un museo al aire libre donde cada obra dialoga con la memoria del lugar y con el paisaje que la rodea.

La iniciativa, conocida como 'Érase una vez en Villaoril', no responde a una estrategia institucional ni a un plan turístico al uso. Nace, más bien, de un impulso colectivo por conservar la identidad del pueblo y evitar que su historia se diluya con el paso del tiempo. A través de intervenciones artísticas discretas y plenamente integradas en el entorno, el proyecto convierte calles, fachadas y rincones cotidianos en historias.
Los murales y esculturas que se aprecian en Villaoril funcionan como una crónica visual de la vida rural. Escenas domésticas, figuras humanas asomadas a ventanas, mujeres realizando tareas diarias o niñas observando en silencio aparecen incrustadas en muros de piedra, corredores de madera y espacios tallados en la propia arquitectura tradicional. Nada desentona: tejados de pizarra, hórreos, caminos empedrados y obras artísticas conviven sin jerarquías, como si siempre hubieran estado ahí.
El "alma habitada" del pueblo
El enclave refuerza el valor del proyecto. Villaoril se sitúa dentro de la Reserva de la Biosfera de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias, un territorio de alto valor ecológico y patrimonial. A unas dos horas por carretera desde Oviedo, la aldea se presenta como una alternativa para quienes buscan un turismo cultural ligado al medio rural, alejado de los circuitos masivos y de las fórmulas repetidas.
Los impulsores del proyecto lo tienen claro: el objetivo no es atraer multitudes, sino preservar lo que definen como el "alma habitada" del pueblo. El arte se concibe como una herramienta para fijar memoria y generar interés sin alterar el equilibrio del lugar. En ese sentido, la iniciativa se plantea también como una respuesta silenciosa a la despoblación, apostando por un modelo de revitalización basado en el respeto y la escala humana.
En Villaoril, cada intervención artística es un gesto de reconocimiento hacia quienes vivieron y viven allí. Las obras no buscan protagonismo, sino acompañar la vida del pueblo, documentarla y dignificarla. El visitante no recorre una exposición convencional, sino un espacio vivo donde el pasado y el presente se entrelazan sin artificios.