
Animales
Ibiza se llena de mascotas y los veterinarios advierten: cada vez hay más presión
El fuerte aumento de animales de compañía, especialmente felinos, está incrementando la carga de trabajo en las clínicas veterinarias

El aumento de las mascotas en Ibiza es cada vez más evidente. Mientras los animales de producción han disminuido con el paso de los años (de unas 20.000 ovejas hace dos décadas a apenas 5.000 en la actualidad), los animales de compañía han experimentado un crecimiento notable, especialmente los gatos.
Según datos del Colegio de Veterinarios de Baleares, en la isla hay 43.091 perros y 13.693 gatos registrados con microchip, además de 31 hurones y otros 119 animales catalogados, principalmente aves y reptiles.
Estas cifras representan una parte significativa del total balear: Ibiza concentra el 13,7 % de los perros y el 17,2 % de los gatos de todo el archipiélago.
El boom de los gatos
El crecimiento ha sido especialmente notable en el caso de los gatos. “El incremento del censo de gatos ha sido del 114 % respecto a 2020”, explica a Noudiari el veterinario del Consell y representante del Colegio de Veterinarios en Ibiza, Jordi Masip.
Parte de este aumento se debe a la obligación de registrar a los animales con microchip, derivada de la Ley 7/2023 de bienestar animal y de normativas autonómicas. Esto ha hecho que muchos gatos que antes no figuraban en los registros oficiales ahora aparezcan en las estadísticas.
También influyen factores sociales. El Barómetro Felino de Sanicat señala que ocho de cada diez jóvenes creen que los vídeos de gatos y perros en redes sociales como TikTok o Instagram están favoreciendo el aumento de adopciones.
Este crecimiento se refleja directamente en las clínicas veterinarias. “Cada vez hay más mascotas y más trabajo, pero muchas veces el personal es el mismo. No es que no queramos ampliarlo, es que faltan candidatos o resulta muy difícil traerlos de la península por el problema de la vivienda en Ibiza”, explica Masip.
En Ibiza y Formentera hay actualmente 104 veterinarios colegiados, aunque no todos trabajan en clínicas o con animales de compañía.
En los últimos años, además, la salud mental del sector se ha convertido en una preocupación. Según un estudio citado por el propio colectivo, uno de cada diez veterinarios pensó en quitarse la vida en 2025, seis de cada diez han sufrido síntomas de depresión y más del 90 % reconoce haber padecido ansiedad relacionada con su trabajo.
A la carga emocional del cuidado de los animales se suman guardias nocturnas, fines de semana, urgencias fuera de horario y una creciente burocracia. Entre las nuevas obligaciones está el registro obligatorio de antibióticos en el sistema Presvet, derivado del Real Decreto 666/2023.
“Cada nuevo punto de burocracia empeora la situación”, resume Masip. El crecimiento de las mascotas, unido a la falta de profesionales y a las nuevas obligaciones administrativas, está aumentando la presión sobre un sector que ya trabaja al límite.
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