
Historia Naturaleza
El arte milenario que permite "volar" sobre los barrancos en Canarias
La abrupta orografía del Archipiélago obligó a agudizar el ingenio de los antiguos pastores aborígenes

Surgió de la necesidad. Un barranco por delante, el ganado a su libre albedrío y ninguna otra opción que saltar. El salto del pastor -también llamado brinco canario- nació así, en unas Islas Canarias que nunca han sido amables con quien pisa su orografía para cruzar barrancos o riscos. Con este escenario, los antiguos pastores idearon una herramienta que era, al mismo tiempo, apoyo, freno y puente. Una vara larga, trabajada. Capaz de clavarse en la tierra y sostener el cuerpo en el descenso.
De herramienta aborigen a disciplina
El origen del salto del pastor se remonta a los pastores aborígenes, que ya utilizaban un palo largo cuidadosamente pulido para facilitar el deslizamiento de las manos. La punta, afilada, permitía hincarla en el terreno; en ocasiones llevaba incluso un asta de animal. Tras la conquista castellana en el siglo XV, ese remate natural fue sustituido por una pieza metálica. Más resistente y eficaz.
La lanza -o astia en islas como Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro; garrote en Gran Canaria; lata en Fuerteventura y Lanzarote- no es un simple palo, sino técnica que se ha ido acumulando con el paso de los siglos, en un alarde de pura adaptación.
Durante décadas el salto sobrevivió en el ámbito rural, transmitido de padres a hijos. Hasta que a principios de 1990comenzaron a crearse los primeros clubes, conocidos como jurrías. El objetivo era investigar los orígenes, enseñar la práctica y evitar que se olvidara. Siete años después, en 2001, se constituyó la Federación Canaria del Salto del Pastor, una entidad que llevaba gestándose desde aquellos primeros pasos.
Técnica, precisión y respeto
Aunque su esencia es ancestral, el salto del pastor se continúa practicando en competiciones donde se mide la distancia o la precisión.
El palo, generalmente de pino canario -una madera flexible y resistente- se ensancha en la parte inferior, donde se coloca el regatón, la punta metálica que se clava en el suelo. La longitud varía entre los dos y los cuatro metros. En las cumbres se prefieren más largos; en la costa, más cortos. El regatón puede medir entre 14 y 38 centímetros, según el tamaño del garrote.
Hay muchas mañas, como las llaman quienes lo practican. La más frecuente consiste en clavar el regatón en un punto firme, agarrar el palo con una mano en la parte superior y la otra con la palma hacia arriba, y dejarse deslizar controladamente hasta el suelo. Parece sencillo visto desde fuera, pero todo lo contrario. La mano inferior no debe doblarse; la superior, sí. El equilibrio lo es todo. Y el respeto por el terreno, también.
Dónde se practica
Se practica en todas las Islas, siendo el paisaje el que establece la diferencia y el carácter. En Fuerteventura y Lanzarote, donde las alturas son más suaves, los saltos suelen ser menores. En La Palma, en cambio, no es extraño ver garrotes de hasta cuatro metros enfrentándose a desniveles serios.
El salto del pastor es memoria en movimiento. Una respuesta física a un territorio que nunca perdonó la duda. Hoy es deporte, espectáculo, identidad. Pero en el fondo sigue siendo lo mismo que era: un hombre con su vara frente al vacío.
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