Lujo
De Canarias a las cubiertas de las élite: el trabajo que convierte un Rolex en propina
El sueldo base roza los 8.000 euros al mes, pero las propinas pueden dejar pequeña cualquier nómina
María lo sabe bien. Con apenas unos años de experiencia en el sector, esta canaria se ha convertido en jefa de azafatas a bordo de algunos de los yates más opulentos que fondean en el Archipiélago. Su trayectoria la ha llevado a trabajar para empresarios estadounidenses, para magnates europeos y, actualmente, para un miembro de una familia real de Oriente Medio. La embarcación en la que sirve mide 140 metros de eslora. Eso, por dar una referencia, equivale a casi metro y medio más que el campo de juego del Santiago Bernabéu.
Oro, diamantes y cuadros que vale una fortuna
"Hay oro por todos lados, baños, diamantes, cuadros bastante caros", relató María al programa Apatrullando de La Sexta. Y es que en el segmento ultralujo de la náutica, los interiores de estas embarcaciones compiten en suntuosidad con los mejores hoteles del mundo. Algunas firmas especializadas en el diseño de superyates trabajan con presupuestos que superan los cientos de millones de euros, y el equipamiento interior -desde las vajillas hasta las obras de arte colgadas en los camarotes- puede representar una fracción considerable de esa inversión.
En ese entorno, el trabajo de María no consiste solo en servir. Su función abarca la coordinación del equipo de servicio, la atención directa a los huéspedes y la supervisión de unos estándares que no admiten fisuras. Discreción absoluta, disponibilidad permanente, precisión en cada detalle. Son los mismos principios que rigen en los grandes palacios y en los hoteles de cinco estrellas, pero confinados en un espacio que se mueve.
8.000 euros al mes y un Rolex de propina
El salario base de María ronda los 8.000 euros mensuales, una cifra que ya supera con holgura la media del sector servicios en España -situada en torno a los 1.800 euros según los datos del INE- y que coloca este empleo en una liga propia dentro de la hostelería convencional. Pero la retribución real va mucho más allá.
Las propinas en el mundo de los superyates son una categoría aparte. "Me han regalado oro, paquetes vacacionales, el Rolex que llevo puesto, que puede valer entre 10.000 y 12.000 euros", contó María. Así, señaló que en uno de los chárters de corta duración que gestiona su empresa, la tripulación se repartió más de 12.000 euros en metálico tras apenas seis días de navegación. Dividida entre los miembros del equipo, esa cantidad puede representar un sueldo mensual extra para cada uno.
La industria tiene sus propios códigos en este sentido. En el mercado anglosajón de chárter náutico, donde se concentra buena parte de la clientela de alto poder adquisitivo, existe incluso una guía informal que sugiere propinas de entre el 5 y el 15% del coste total del alquiler.
Tenerife, puerto de oportunidades
Más allá del deslumbramiento que generan las cifras, María insiste en que el trabajo exige una disciplina que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Las jornadas son largas, la privacidad casi inexistente durante las travesías y la exigencia emocional de mantener una compostura impecable frente a clientes habituados a lo mejor del mundo es algo que hay que tener muy en cuenta.
Sin embargo, Tenerife se presenta como uno de los mejores escenarios posibles para quienes quieran abrirse paso en este sector. El puerto de Santa Cruz y las infraestructuras portuarias del sur de la isla llevan años atrayendo embarcaciones de gran eslora, y el clima benigno durante todo el año hacen del Archipiélago un destino apetecible para una clientela que puede elegir donde anclar sin mirar el precio.