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Naturaleza

Canarias tiene un mirador a casi 2.000 metros que nadie tiene en el radar y las vistas quitan el aliento

Pinares, silencio y el volcán más alto de España imponiéndose por encima de las nubes

Canarias tiene un mirador a casi 2.000 metros que nadie tiene en el radar y las vistas quitan el aliento iStock

El viento mueve las copas de los pinos y huele a resina. A 1.830 metros, el silencio es otro. Más evocador. Sugerente. Desde el Mirador de Chipeque, en el término municipal de Santa Úrsula, el Teide sobresale sobre una capa de nubes blancas y compactas que cubre el norte de la isla como si alguien hubiera tapado el mundo por debajo para estar tranquilo arriba.

El acceso llega por la TF-24, la carretera de La Esperanza, esa vía que sube entre pinares hasta conectar con el Parque Nacional de Las Cañadas. En el kilómetro 26, un desvío a la derecha conduce al mirador, también conocido como Cumbres del Norte. Cuenta con aparcamiento, paneles interpretativos sobre la flora y la fauna del entorno, recogida selectiva de residuos y acceso habilitado para personas con movilidad reducida. También se puede llevar en guagua a través de las líneas 101, 104, 345, 346 y 348, que tienen paradas próximas.

El mirador se asienta en el Paisaje Protegido de Las Lagunetas, una zona de vegetación densa presidida por el pino canario. Lo que convierte este punto en algo singular es su privilegiada posición para contemplar el mar de nubes, ese fenómeno meteorológico que ocurre cuando la humedad del viento aliseo forma una capa baja que cubre la isla entera mientras el Teide sobresale, imperturbable, por encima. Como un rey. Cual gigante.

Desde Chipeque se domina todo el Valle de La Orotava, con perspectivas que alcanzan hasta la Punta del Hidalgo y Buenavista. Una panorámica que pocas posiciones de la isla permiten observar con tanta amplitud.

Los días de mayor cobertura nubosa son, paradójicamente, los más fotogénicos. Y si la visita coincide con el atardecer, los tonos anaranjados y rosados que tiñen el cielo sobre el volcán transforman el conjunto en algo difícil de explicar.

Lo que más se agradece: el silencio

A diferencia de miradores más concurridos de la isla, Chipeque no está pegado a una carretera principal. Eso lo mantiene algo alejado de la saturación turística que en determinadas épocas del año convierte otros puntos de Tenerife en experiencias frustrantes. Sin embargo, aquí el ruido lo ponen el viento y los pinos. Nada más.

Esa calma, especialmente en una isla que recibe más de seis millones de visitantes al año y donde el espacio tranquilo escasea cada vez más, es digna de agradecer. Además, en invierno, cuando la nieve cubre el Teide, el paisaje que se observa desde este lugar es completamente diferente, rodeado de un manto blanco que lo envuelve todo.