Hotel Historia

Miró, Cela, Taylor y una muerte inesperada: los 75 años del hotel más ilustre de Canarias

Declarado Bien de Interés Cultural, el establecimiento conmemora su aniversario con un evento que transportará sus espacios a los años cincuenta

Hotel Mencey, Santa Cruz de Tenerife
Miró, Cela, Taylor y una muerte inesperada: los 75 años del hotel más ilustre de CanariasBooking

Sus paredes han visto pasar a personalidades de la talla de Richard Burton y Elizabeth Taylor, que se alojaron en el Mencey en un período en que su relación era tan turbulenta como su fama. La pareja eligió este hotel de Santa Cruz de Tenerife, ubicado junto al parque García Sanabria, como escenario de una historia que el mundo seguía pasión. Episodios como ese forman parte del patrimonio sentimental de un establecimiento hotelero que el próximo 19 de marzo cumple 75 años.

Fue el capitán general de Canarias Francisco García Escámez quien impulsó la construcción de un gran establecimiento hotelero en la capital, para lo que se adquirieron en 1945 unos solares de casi 13.000 metros cuadrados. El arquitecto designado para el proyecto fue el lagunero Enrique Rumeu de Armas, que trazó un edificio de corte neocanario con una presencia serena y, al mismo tiempo rotunda, capaz de imponerse en el corazón del barrio de Las Mimosas. La financiación no estuvo exenta de tropiezos. En agosto de 1948 los fondos disponibles se habían agotado, pero el arquitecto se negó a paralizar el proyecto y solicitó ayuda al Cabildo de Tenerife, que concedió un crédito de tres millones de pesetas. La construcción salió adelante.

En 1949 el hotel comenzó a recibir a sus primeros huéspedes, aún con las obras sin concluir del todo. La inauguración oficial llegó en 1950, y con ella, la ciudad adquirió un punto de referencia que ya no abandonaría.

Una nómina que da vértigo

Taylor firmaba sus autógrafos como Elizabeth Taylor-Burton y dejó muchos durante su estancia en la isla. Era un mito, una mujer de gran personalidad, muy elegante. Burton, por su parte, era un tipo con muy mal genio cuando las cosas no iban bien, aunque en Tenerife, según quienes los vieron, no dieron ningún espectáculo digno de ser contado. Llegaron de incógnito, con la intención declarada de explorar el sur de la isla, y se marcharon sin despedirse de nadie.

Pero los Burton son solo una parte de la historia. Por el Mencey han pasado Joan Miró, Camilo José Cela, José Saramago, Maradona, Pelé, Sofía Loren o Matt Damon. También Mstislav Rostropóvich, Jacques Cousteau, César Manrique, Julio Iglesias, Michael Jackson o la Familia Real española. Y Ernesto Lecuona, el compositor cubano de Siboney, que falleció en el hotel en 1963 cuando había viajado a la isla para conocer la tierra de sus antepasados. Una muerte que, de alguna manera, lo convirtió en parte indisociable del propio edificio.

Esa concentración de nombres responde a lo que el Mencey representaba en el mapa del turismo de élite de mediados del siglo XX: el único establecimiento de cinco estrellas de Santa Cruz de Tenerife, una categoría que conserva hoy.

La arquitectura como patrimonio

El patio interior, con su fuente rodeada de vegetación y los balcones canarios de madera abrazando el edificio, sigue siendo uno de los rincones más reconocibles del establecimiento. Las lámparas de araña originales siguen en su sitio. La carpintería de 1950 también. Son detalles que en cualquier otro hotel habrían desaparecido en alguna de las remodelaciones periódicas, pero aquí se tomó la decisión de preservarlos. El edificio está declarado Bien de Interés Cultural, y lo mismo ocurre con sus jardines, una distinción poco habitual para un hotel en activo.

En 2011, cuando Iberostar asumió la gestión del establecimiento, se acometió una reforma en profundidad que amplió la oferta con 30 nuevas suites y modernizó las 261 habitaciones, sin alterar el carácter del edificio. La intervención mantuvo el interiorismo de inspiración colonial, las lámparas originales y una colección de obra de pintores canarios como Pedro de Guezala o Manuel Martín González. La rehabilitación fue una apuesta deliberada por la identidad frente a la renovación cosmética.