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Una pareja británica vende su empresa, se jubila en Canarias y desvela lo que jamás esperaban echar de menos
Lanzarote les dio el clima, el negocio y la tranquilidad. Lo que no pudieron dejar atrás del todo fue algo mucho más pequeño y británico
Hay personas que lo sueñan durante décadas y nunca se atreven a dar el paso. Richard y Tarnya Norse-Evans, diseñadores de profesión, sí lo dieron. Vendieron su negocio, dejaron atrás los inviernos grises del Reino Unido y pusieron rumbo a Lanzarote, una de las islas del archipiélago canario donde el termómetro raramente cae por debajo de los quince grados. Años después, la pregunta inevitable es si se arrepienten. La respuesta corta: "No". La larga, más interesante.
Una vida construida desde cero en la isla
La pareja no llegó a Lanzarote a tumbarse al sol con una cerveza en la mano. Eso, al menos, lo tiene claro Richard. "Ciertamente no vivimos en vacaciones permanentes. La vida laboral continúa sin importar el clima", dijo al diario británico The i Paper. Y no exagera. La pareja gestiona un alojamiento vacacional de lujo a través de Airbnb y, además, son propietarios de un viñedo que produce en torno a 7.000 kilos de uva al año, que venden a un productor vinícola local.
El coste de vida notablemente inferior al del Reino Unido es, en parte, lo que hace viable todo esto. Les permite incluso permitirse algún vuelo de vuelta a Londres cuando la nostalgia hace acto de presencia. "Con cuatro horas de avión podemos regresar rápidamente y disfrutar de lo mejor de ambos mundos", explicó Richard.
Lo que el sol no puede remplazar
Aquí es donde la historia se vuelve más honesta, y por ello más interesante. Richard admite sin ambages que hay aspectos de la vida británica que echa de menos con regularidad. La variedad cultural, las galerías de arte, la posibilidad de escaparse a una ciudad con mayor oferta de ocio. "Cuando vives en una isla pequeña necesitas ver y hacer algo diferente", señaló.
La barrera del idioma es otro escollo. La pareja reconoció para el medio británico las dificultades que supone navegar la burocracia española, con trámites que se dilatan más de lo esperado y procesos administrativos que exigen paciencia. Sin embargo, esto no es un problema exclusivo de Lanzarote -es un rasgo estructural de la administración pública en España que muchos expatriados encuentran desorientador al principio-.
Sin embargo, la pareja británica echa de menos algo más. Y es la sensación de ponerse un abrigo y unas botas de agua, meterse en un bosque bajo la lluvia y terminar en un pub con una cerveza. "Algo tan sencillo en cualquier rincón de las Islas Británicas, pero que en Lanzarote simplemente no existe", señala Richard.
La isla que no descansa
Lanzarote no tiene temporada baja, ya que el aeropuerto recibe pasajeros todo el año, y el turismo es el músculo económico de la isla. Más de 6.000 ciudadanos británicos están registrados oficialmente como residentes, una de las colonias extranjeras más numerosas del territorio. En verano, esa cifra se multiplica con los miles de turistas que llegan buscando exactamente lo que Richard y Tarnya encontraron hace años: calor, luz y una vida más despejada y tranquila.