Laredo
800.000€ de indemnización para una motorista de Cantabria por las "secuelas invisibles" de un accidente de tráfico
La Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Laredo ha validado un acuerdo que reconoce una compensación económica de 800.000 euros a una joven que sufrió un traumatismo craneoencefálico en un accidente ocurrido en 2021
El accidente se produjo cuando el ciclomotor en el que circulaba la víctima fue alcanzado por la parte trasera de un turismo en el municipio de Laredo. Lo que en un primer momento pudo ser percibido como un impacto de carácter leve derivó, con el paso del tiempo, en un deterioro cognitivo de relevancia que ha terminado por condicionar de manera sustancial las capacidades de la afectada.
El auto judicial, fechado el 28 de enero de 2026, valida el pacto alcanzado entre las partes y pone el foco en la naturaleza de los daños reclamados: alteraciones neurocognitivas que no presentan signos físicos evidentes pero que inciden en aspectos fundamentales del día a día, como la atención, la memoria, la planificación de tareas o la resistencia a la fatiga mental.
La resolución judicial tiene en cuenta para la cuantificación final conceptos que van más allá de las lesiones temporales, se han considerado las secuelas psico-funcionales y estéticas, la pérdida de calidad de vida, la necesidad de ayuda de tercera persona y el lucro cesante.
Uno de los elementos que añadió complejidad al proceso fue la apreciación de una concurrencia de culpas atribuida a la propia conductora, un factor que obliga a ponderar el porcentaje de responsabilidad en el cálculo final de la indemnización.
A pesar de este matiz, la cantidad reconocida refleja la entidad del daño neurocognitivo y su proyección futura, especialmente relevante por el impacto que estas limitaciones tendrán en el itinerario académico y profesional de la joven durante toda su vida.
El desafío legal de probar el daño cerebral sin evidencias físicas
La pieza central de la argumentación recayó en los informes neuropsicológicos, respaldados por evaluaciones de neurología y pruebas estandarizadas de validez internacional.
Estas herramientas permiten objetivar el estado de funciones superiores como la atención, la memoria, la velocidad de procesamiento o la capacidad de organización. En el caso de la joven motorista, los peritajes reflejan que, aunque puede continuar con sus estudios, necesita adaptaciones como más tiempo para determinadas tareas, ajustes en la carga lectiva y pausas frecuentes para contrarrestar la fatiga mental.
El fondo del asunto no radica en una imposibilidad absoluta, sino en el sobreesfuerzo constante que deberá realizar para alcanzar metas que, sin la lesión, le habrían exigido un coste personal mucho menor.