Turismo
Este es el paisaje de Castilla-La Mancha por el que fluye el que es considerado como uno de los ríos más limpios de Europa
Un recorrido por aguas cristalinas, cascadas y pozas turquesa que revelan un entorno salvaje, lleno de biodiversidad y paisajes en constante transformación
En pleno corazón de Castilla-La Mancha, donde los Montes Universales dan origen a corrientes cristalinas, fluye el río Cabriel, uno de los más limpios de Europa. Sus 277 kilómetros atraviesan Teruel, Cuenca y Albacete hasta unirse al Júcar en Valencia, y a su paso crean paisajes que parecen sacados de un sueño, donde la naturaleza aún conserva su fuerza y belleza intactas.
El valle del Cabriel ha sido reconocido como Reserva de la Biosfera desde 2019, y no es difícil entender por qué. Sus aguas turquesas y cristalinas serpentean entre cañones kársticos, pozas naturales y cascadas que la erosión ha esculpido durante milenios. Cada tramo del río es un mosaico de ecosistemas: bosques de coníferas y frondosas, brezales, matorrales, prados y cuevas que albergan la vida silvestre más diversa de la región.
Entre los rincones más fascinantes se encuentran Las Chorreras del Cabriel, situadas entre Enguídanos y Víllora. Este conjunto de cascadas, gargantas y formaciones de toba calcárea ofrece un espectáculo natural único: pozas que reflejan el cielo azul, remansos de agua turquesa y rocas moldeadas en formas imposibles. No es exagerado decir que, en ciertos momentos, este paisaje rivaliza con los destinos tropicales más exóticos del planeta.
El río no solo deslumbra por su estética, sino por su historia geológica. En sus formaciones se pueden observar estromatolitos activos, estructuras creadas por bacterias con más de 3.000 millones de años, testigos silenciosos de la evolución de la Tierra. Gracias a todos esos elementos, Las Chorreras se transforman en un laboratorio natural, donde cada paseo es una clase de historia viva que el visitante recorre entre cascadas y senderos escarpados.
El turismo activo ha encontrado en el Cabriel un escenario perfecto: rafting, kayak o barranquismo permiten disfrutar del río en toda su fuerza y pureza. Sin embargo, su morfología abrupta y la fragilidad del ecosistema han obligado a establecer normas estrictas: limitación de aforo, senderos señalizados, zonas acotadas para el baño y prohibición de introducir productos químicos o materiales que puedan alterar el entorno.
Cada estación transforma el paisaje. En primavera y otoño, el caudal aumenta y las cascadas rugen con fuerza, mientras que en verano las pozas tranquilas se convierten en oasis refrescantes donde contemplar la serenidad de Castilla-La Mancha. Y aunque su aspecto podría evocar un destino caribeño, la autenticidad del lugar no necesita filtros: cada reflejo, corriente y rincón hablan de un territorio vivo, salvaje y en constante cambio.