Turismo
Todavía estás a tiempo: así es el pueblo de Castilla-La Mancha considerado como el mejor para disfrutar de la nieve en invierno
Posee un pozo que fue declarado Bien de Interés Cultural en 2010
Alpera es un municipio situado en la provincia de Albacete, dentro de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Cuenta con una población cercana a los 2.300 habitantes y se localiza en un entorno rural marcado por la agricultura y un notable patrimonio histórico. Su término municipal conserva vestigios de distintas épocas que reflejan la importancia del territorio a lo largo del tiempo.
En cuanto a las cosas que se pueden ver aquí, este lugar destaca por un patrimonio histórico y cultural de gran valor, encabezado por la Cueva de la Vieja, uno de los conjuntos más relevantes de arte rupestre levantino de la península, declarado Patrimonio de la Humanidad. El recorrido patrimonial se completa con los restos del antiguo castillo, la iglesia parroquial de Santa Marina y la ermita de San Roque, elementos que reflejan la evolución histórica de la localidad y su identidad rural
No obstante, a este enclave se suma el pozo de la nieve, una construcción singular vinculada al almacenamiento tradicional de hielo, que se ha convertido en uno de los principales símbolos del municipio.
El pozo de la nieve de Alpera, un elemento albaceteño único
De entre todos ellos, el pozo se ha diferenciado de gran parte del resto de destinos españoles como uno de los ejemplos más destacados de la ingeniería histórica y mejor conservados en esta provincia. Esta construcción singular, declarada Bien de Interés Cultural en 2010, es un vestigio excepcional de las técnicas de conservación de alimentos utilizadas antes de la industrialización.Su origen se remonta a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, el cual ha sido capaz de reflejar esa capacidad técnica y organizativa de las sociedades preindustriales para aprovechar los recursos naturales. Con una capacidad aproximada de 1.700 metros cúbicos, ha conseguido ser considerados como uno de los mayores depósitos de nieve de su tipología en la península.
Desde el punto de vista arquitectónico, el conjunto destaca por su complejidad y precisión constructiva. Una cúpula semiesférica de casi diez metros de altura cubre una base poligonal de doce lados, cada uno de unos cinco metros de longitud. El perímetro total, cercano a los sesenta metros, evidencia el alto nivel de conocimiento técnico necesario para su ejecución y conservación.
El funcionamiento del pozo de la nieve respondía a un sistema perfectamente organizado. Durante los meses más fríos, la nieve era recogida y trasladada al interior, donde se compactaba en capas sucesivas separadas por paja y hojas, que actuaban como aislante térmico. Este método permitía la formación de bloques de hielo y garantizaba una temperatura estable durante todo el año.
La distribución del hielo se realizaba principalmente de noche, aprovechando las temperaturas más bajas para evitar su deterioro. El transporte se llevaba a cabo con mulas y abastecía tanto a zonas del interior peninsular como a la costa mediterránea, configurando una red comercial eficaz y sorprendentemente avanzada para la época.
La actividad comenzó a decaer a mediados del siglo XIX con la aparición de las primeras fábricas de hielo, que marcaron el inicio de un nuevo modelo de producción industrial. Este cambio supuso el fin progresivo de un comercio tradicional que había sido esencial durante siglos.
En la actualidad, el pozo de la nieve de Alpera mantiene un excelente estado de conservación y se ha consolidado como un recurso turístico y patrimonial de primer orden. Su visita permite comprender de forma directa los sistemas constructivos y los métodos de almacenamiento empleados en la época preindustrial.