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Sociedad
Miles de pasos solidarios: La Marcha Misionera del colegio de las Agustinas, en Valladolid
Este año el dinero recaudado irá destinado a una obra social y educativa en Mozambique

El patio del colegio de las Agustinas de Valladolid volvió hoy a llenarse de voces, risas y esperanza. No es fue un día cualquiera, fue un día de solidaridad. Desde hace ya más de 40 años, el centro escolar Nuestra Señora de la Consolación, en Valladolid, es capaz de transformar un corriente sábado de marzo en una jornada cargada de optimismo, compromiso y amistad, con su Marcha Misionera.
Se trata de una cita que, con el paso del tiempo, se ha convertido en toda una tradición para el colegio y para muchas familias. A lo largo de estas décadas ha reunido a generaciones de profesores, alumnos, antiguos estudiantes y padres que, año tras año, se calzan las zapatillas y caminan juntos con un mismo objetivo: ayudar a quienes más lo necesitan.
La Marcha Misionera se ha consolidado como la actividad estrella del centro. Rodeados de música, ambiente festivo y un fuerte espíritu de compañerismo, los alumnos participan acompañados por sus amigos, sus familias y sus profesores en un recorrido de aproximadamente de 12 kilómetros. El itinerario partió del propio colegio y se dirigió hacia Arroyo de la Encomienda para, posteriormente, regresar al mismo punto de salida.
Para participar en la marcha hay un elemento imprescindible: el carné solidario. Cada participante debía llevar consigo este documento, que se va sellando en las seis paradas distribuidas estratégicamente a lo largo del recorrido. Estos puntos de control no solo sirven como guía para los caminantes, sino que también ofrecen agua y fruta para recuperar fuerzas durante el trayecto.
Antes de la marcha, los alumnos tuvieron otra importante misión, la de conseguir patrocinadores. Familiares, vecinos o amigos pueden colaborar mediante donaciones voluntarias que se registran en el carné del participante. Una vez finalizada la caminata, cada alumno entregará su carné junto con las aportaciones recogidas. De este modo, el esfuerzo de cada paso se transforma en una ayuda real para quienes más lo necesitan.
Cuantas más donaciones se consiguen, mayor es la cantidad recaudada. Y cuanto mayor es la recaudación, más gratificante es el esfuerzo. Las hermanas agustinas no son únicamente profesoras, también son misioneras. Ellas son las encargadas de canalizar toda esa solidaridad y llevarla a lugares del mundo donde siempre hace falta apoyo.
Este año, el destino de las donaciones irá dirigido a uno de los proyectos que las misioneras desarrollan en África, un orfanato situado en Mozambique. Este proyecto, que comenzó hace algunos años, se ha convertido en una de las iniciativas educativas más importantes que impulsan las religiosas. Allí se acoge a niños que viven en situación de calle y se les ofrece una nueva oportunidad de vida a través de la educación, el cuidado y el acompañamiento .
La edición de este año llega, además, con más ilusión que nunca. Tras dos años en los que el mal tiempo ha obligado a suspender la marcha, la comunidad educativa vuelve a reunirse con energías renovadas y con ganas de recuperar una de sus tradiciones más queridas.
Junto a la marcha principal existe también la llamada ‘Pequemarcha’, pensada especialmente para los más pequeños y para las familias con niños. Este recorrido es mucho más corto, de menos de cinco kilómetros, y permite que todos puedan formar parte de la jornada solidaria. Todos los participantes parten juntos desde el colegio y suben hasta el estadio. Allí se separan los dos itinerarios: quienes realizan la marcha larga continúan hacia Zaratán, mientras que los participantes de la ‘Pequemarcha’ descienden hacia Villa del Prado para regresar después al colegio.
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