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Toros
Salamanca rinde tributo a "El Juli"
La Asociación Juventud Taurina de Salamanca, con cerca de mil socios, homenajea al diestro Julián López “El Juli” en su acto anual

Hay toreros que marcan una época. Y luego está Julián López “El Juli”, que marcó una manera de entender el toreo y, en cierto modo, un antes y un después en la tauromaquia.
Poco antes de las ocho y media, en la antesala del homenaje, me lo decía con esa naturalidad que nunca ha perdido: “Es muy bonito que te reconozcan la trayectoria de una vida tan sacrificada y dura como la del torero”. Lo decía sin afectación, con serenidad, con ese tono de quien ya no necesita demostrar nada. Y, como siempre, optimista. “La Fiesta vive un momento importante y complejo”, reconocía. Pero enseguida añadía el matiz: “Hay toreros muy distintos que tienen mucho interés por parte del aficionado, y la cabaña ganadera está viviendo su mejor momento”. El Juli, siempre figura, nunca se ha instalado en la queja: “Hay muchas cosas positivas —remataba— y como yo soy positivo me agarro a esas”. Ese temple me recordó a cuando le dijo a Urtasun durante el Premio Nacional de Tauromaquia en 2023: “Señor ministro, usted no aplaude, yo le saludo”.

La Asociación Juventud Taurina de Salamanca —cerca de mil socios, casi nada— había preparado una tarde de altura. El Teatro Liceo de la Ciudad Dorada que tanto sabe de toros y de historia, se llenó hasta la última butaca. Era un homenaje a quien había sido guía y referencia de otra época.
La periodista Elena Salamanca condujo la conversación con la precisión de quien sabe de esto, dejando que el madrileño hilvanara su biografía. Y entonces regresaron los recuerdos: aquel septiembre de 1998 en Nimes, alternativa con José Mari Manzanares de padrino y Ortega Cano de testigo; la etapa mexicana, donde en 1997 toreó 77 novilladas y cortó 133 orejas y 11 rabos. Un fenómeno que iba camino al estrellato.

Se evocaron también las siete Puertas del Príncipe en Sevilla, las diecinueve Puertas Grandes de Barcelona, las trece de La Glorieta, la rivalidad limpia con José Tomás. Pero lo significativo es que a El Juli nunca le importaron la cifras. Le importaba la verdad interior de sus faenas. Solo quería demostrar profundidad cada tarde, vino a decir. Torear de verdad. Lo demás era su consecuencia.
Hubo un momento especialmente revelador cuando habló de El Freixo. El torero convertido en ganadero, el hombre que encuentra en el campo otra forma de ser torero. Mencionó a Justo Hernández, de Garcigrande, como apoyo esencial en esa aventura y explicó su dedicación a la doma y a las faenas camperas, donde ha llegado a ser bicampeón de España. Un relato coherente: el mismo compromiso que exigía el toro en la plaza lo exige ahora el campo. Y sí, más toreros de campo necesita el escalafón.
Carlos Fuentes, presidente de Juventud Taurina, resumía el motivo del acto: “La mayoría hemos crecido viéndole torear”. Y ahí está la clave. El homenaje era a la persona y al torero, porque una cosa no puede separase de la otra.
Salamanca rindió tributo a la humildad, al oficio, al referente, al niño prodigio, al matador consagrado, al ganadero y hombre de campo. A un torero que llegó a la cima y nunca descendió.
El acto terminó y quedó una sensación de que hay toreros que nunca se retiran, porque su legado siempre está en la memoria. Y ayer, en Salamanca, se dio buena cuenta de ello.
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