
Toros
Toreros salmantinos para festejar el voto en Villoria
Castaño, Diosleguarde, Jarocho y la novillera Raquel Martín forman el cartel

Las Fiestas del Voto obligaban a celebrar un festival taurino en Villoria (Salamanca) y el público respondió ocupando más de tres cuartos de la plaza de toros La Vega.
El cartel, de la tierra: cuatro toreros salmantinos que jugaban en casa. Castaño, Diosleguarde, Jarocho y la novillera Raquel Martín. Derroche de toreo salmantino frustrado por los aceros, a excepción de la joven Martín que se llevó hasta el rabo en su esportón.
Los novillos, también de la tierra. Cuatro ejemplares de Valrubio y Valdeflores bien presentados, con clase, aunque flojitos. Erales de buen tipo, destacando las hechuras del primero, más grande que el resto del encierro y quizá con menos fuerzas.
Castaño abrió plaza con Soplón, recibiendo con una larga cambiada de rodillas. Tras las banderillas (el festival era sin picar), comenzó de hinojos el trasteo de muleta ante un oponente pronto y alegre basado en una faena por el pitón derecho. Hubo momentos suaves y naturales de gusto. Si hubiera tenido más fuerza, la historia hubiera sido diferente. Pinchó en dos ocasiones y cobró una estocada algo desprendida. El público asomó el pañuelo para pedir la oreja, que el usía concedió.

Diosleguarde tuvo en sus manos el mejor del hierro. Los cuatro pinchazos tumbaron una faena en la que se metió en la jurisdicción del bravo novillo y se dejó besar por los pitones. Los arrimones despertaron los aplausos del público. Recogió una ovación desde el tercio tras colocar una estocada traserilla y tendida al quinto intento, tras escuchar un aviso.
Jarocho llegó con ganas y el público se vino arriba con el saludo capotero a la verónica. Un vistoso quite por chicuelinas dejó a Murciano listo para el tercio de banderillas. Destacó una tanda con la mano izquierda y otra con la mano baja por el derecho. Pinchó en cinco ocasiones, clavó el acero algo desprendido y tuvo que descabellar tras un aviso. Incomprensible vuelta al ruedo al flojo burel. Jarocho recibió los aplausos de un público comprometido con los suyos que le obligó a salir a saludar.
Raquel Martín demostró que quiere ser torero. Calambrico pisó el albero con ganas y Martín se puso manos a la obra. Brindó a sus compañeros de cartel. Toreó al natural en un ejercicio de despaciosidad y demostración de temple. La estocada, aunque trasera, fue efectiva. Y los pañuelos blancos se agitaron hasta el rabo.
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