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Historia

El Tratado que repartió la Península Ibérica y fue clave en la configuración territorial de la España medieval

Se cumplen 847 años de la firma de este fundamental documento para la historia de España por parte de los reyes Alfonso VIII de Castilla y Alfonso II de Aragón

El Traatdo de Cazola que repartió la Península en el seiglo XII Historia de AragónLa Razón

Este viernes es 20 de marzo y tal día como hoy pero de 1179, o lo que es lo mismo, hace 847 años, se firmó en Soria uno de los documentos más importantes en la historia de lo que hoy es España: el Tratado de Cazola por lo que significó la rúbrica de dicho texto.

Dos fueron los protagonistas principales, el rey Alfonso II de Aragón y el rey Alfonso VIII de Castilla, quienes con la firma de su puño y letra se repartieron la Península Ibérica en un momento clave del siglo XII en plena lucha contra los musulmanes.

En virtud de este acuerdo, ambos monarcas establecieron las regiones islámicas que les tocaba a cada reino para expandirse en el futuro. Y es que, como recuerda en un artículo el historiador Santiago Martínez Gil, desde que en el año 1085 Alfonso VI de León conquistara a los musulmanes la mítica capital visigoda de Toledo, y tras superar las invasiones de los almorávides de finales del siglo XI y principios del XII, los reinos cristianos tenían claro que los días del islam en la Península Ibérica estaban contados.

El Tratado de Cazola fue suscrito el 20 de marzo de 1179 en el lugar que algunos investigadores sitúan en la calzada de Medinaceli a Ariza, en el llamado Corral de Cacala en Soria, y supuso también que el rey de Aragón aceptara la limitación de sus derechos territoriales de conquista, aunque no fue a cambio de nada, ya que el reino aragonés obtuvo, por su parte, la anulación de las cláusulas de vasallaje por las que los anteriores acuerdos le habían dejado en una posición de subordinación frente a Castilla.

¿ Y cómo quedó la cosa?

Pues según el Tratado de Cazola, a la Corona de Aragón se le reconocieron derechos de conquista sobre Valencia y el reino entero de Valencia con todos sus territorios. Asimismo, Játiva y Biar con todos sus términos y todo el reino de Denia hasta la villa de Calpe, también pasaron a formar parte del Reino aragonés.

Mientras que el Reino de Castilla obtuvo el derecho de anexionarse el reino de Murcia.

Todo lo que se hizo no fue fruto del azar o la casualidad, ya que fueron unos pactos muy estudiados, según cuentan los historiadores, aunque tampoco fue este tratado el único que se firmó de estas características. La Corona de Aragón se quedó con todo lo que en el futuro sería el reino de Valencia (provincias de Castellón y Valencia), hasta la zona de Játiva, Denia y Biar, mientras que lo que hoy en día es la provincia de Alicante y Murcia, además de Andalucía, quedaban para el Reino que gobernaba con firmeza Alfonso VIII.

En aquellos años, la Corona de Aragón tenía gran interés en expandirse hacia el sur, pero se estaba centrando cada vez más en aumentar su presencia e influencia en el sur de Francia, concretamente en la Occitania. Es por eso por lo que quizás no se dio tanta importancia a perder el derecho de conquista sobre Murcia y Alicante, según explica Martínez Gil

Sin embargo, el Tratado de Cazola, aunque sí que marcó buena parte de las fronteras futuras entre Castilla y Aragón, no fue respetado por ninguna de las dos partes, lo que provocó un siglo después ña firma de otro tratado, el de Almizra en el año 1244.

Si bien, Castilla consiguió hacerse con Murcia, lo que provocó que la Corona de Aragón perdiera frontera con el Islam para seguir avanzando hacia el sur. Si bien, los castellanos no lo tuvieron fácil ya que el territorio murciano fue invadido varias veces por tropas de la corona aragonesa. Por el contrario, Alicante no llegó a formar parte del Reino de Castilla como se frmó en el Tratado de Cazola, sino en el de Valencia.

En cualquier caso este Tratado fue importante ya que logró gran parte de su objetivo, que no fue otro que delimitar las futuras áreas de expansión y reconquista de ambos reinos sobre el territorio andalusí (Al-Ándalus) para evitar conflictos internos entre cristianos.

Además, y aunque las fronteras definitivas se reajustaron más tarde con el mencionado anteriormente Tratado de Almizra, se puede decir sin riesgo a equivocarse que fue fundamental para la configuración territorial de la España medieval.