Urbanismo

Barcelona registra 1.500 elementos de «arquitectura hostil» en las calles

Fundació Arrels advierte que estos diseños urbanos dificultan el descanso de las personas sin hogar

Barcelona registra 1.500 elementos de «arquitectura hostil» en las calles
Barcelona registra 1.500 elementos de «arquitectura hostil» en las callesEP

Fundació Arrels, una entidad que desde 1987 atiende y orienta a las personas sin hogar en Barcelona, ha detectado hasta 1.536 elementos de «arquitectura hostil» en la capital catalana. Bancos individuales, superficies inclinadas para que nadie se pueda sentar, bolardos, pinchos o barras son algunos ejemplos de elementos de arquitectura hostil que se sitúan en el espacio público. Para visibilizar estos casos, la entidad ha configurado un «mapa colaborativo» en el que voluntarios pueden añadir fotografías de elementos de este tipo en las calles de Barcelona. En la cuarta edición del mapeo, en la que han colaborado hasta 633 alumnos de nueve distritos barceloneses, se han localizado 290 nuevos elementos, lo que hace un total acumulado de 1.536.

Según Arrels, la «arquitectura hostil» son elementos de diseño «pensados para evitar determinados usos en el espacio público». «El diseño urbano de las grandes ciudades condiciona nuestro día a día», explica la doctoranda en Geografía en la UAB, Marta Fernández, quien añade que la arquitectura hostil «se ha justificado frecuentemente como una respuesta a la idea de incivismo». En este mismo sentido, Curro Claret, diseñador industrial, argumenta que las ciudades «deberían promover y responder a los usos reales de la ciudadanía». Desde Arrels denuncian que estas «barreras» arquitectónicas no son la solución al problema del sinhogarismo, ya que no desaparece, sino que se traslada. «Conllevan dificultades añadidas para las personas y suponen una vulneración de derechos», añaden.

Afectaciones

El recuento municipal identificó, a finales de 2025, 1.784 personas sin techo pernoctando en la capital catalana, la cifra más alta registrada hasta ahora. La entidad barcelonesa asegura que estas personas se ven afectadas diariamente por la arquitectura hostil. «Vivir en la calle significa no tener un espacio seguro donde descansar, guardar tus cosas... y estos elementos suponen una dificultad añadida», destaca Arrels, que critica que la nueva ordenanza de civismo suma un obstáculo, ya que prohíbe «utilizar los bancos para usos diferentes a los que están destinados». Además, denuncia que «incrementa el estrés y la ansiedad» de las personas sin hogar. «Para una persona que vive en la calle es desagradable a la vista ver que ponen pinchos donde duermen», añade Arrels.

Según la fundación, la arquitectura hostil supone una vulneración de derechos, dificulta la localización por parte de los equipos de calle y criminaliza a las personas sin hogar. En este sentido, la entidad pone el caso de una persona que estuvo durmiendo en las calles de Barcelona y comentó que «es una manera triste de entender el espacio público, expulsando a la gente que tiene problemas en vez de resolverlos».

Por último, Fundació Arrels insta a los partidos políticos «a tener en cuenta a las personas sin hogar», reivindicando ciudades «amables y comprometidas». «En lugar de poner pinchos, bolardos y más barreras para que una persona no pueda dormir en la calle, que pongan más albergues y recursos», reclama. La entidad propone también apostar por la mediación, y no esperar al invierno porque «vivir en la calle es duro todo el año». Finalmente, pide que las personas sin hogar puedan «hacer uso del espacio público como cualquier otro ciudadano».