Inmigración
Los catalanes creen que la inmigración está cerca de emporar la convivencia
Además, apenas creen que mejore enriquezca la cultura catalana
La percepción de la inmigración en Cataluña se sitúa en un punto intermedio, aunque con matices que reflejan tensiones crecientes en el debate público. Así lo muestra la tercera ola del Panel Ciutadà de Catalunya, una encuesta longitudinal elaborada por el Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), que analiza las opiniones de la ciudadanía sobre distintos aspectos sociales y políticos.
Uno de los indicadores más reveladores del estudio es sobre la inmigración y la convivencia, y pregunta hasta qué punto la inmigración hace que Cataluña sea un lugar mejor o peor para vivir. En una escala del 0 al 10 —donde 0 significa “un lugar peor para vivir” y 10 “un lugar mejor”— los encuestados se sitúan en una media de 5,1. El resultado refleja una sociedad prácticamente dividida, con percepciones ambivalentes sobre el impacto de la inmigración en la convivencia.
Este clima se refleja también en el panorama político catalán. Los partidos que han construido buena parte de su discurso en torno a la inmigración, el islamismo o la seguridad son precisamente los que más crecen en los últimos años, como Vox y Aliança Catalana. Al mismo tiempo, otras formaciones han endurecido su posición. El PP y Junts han adoptado discursos más duros en materia migratoria, mientras que Esquerra Republicana ha empezado a introducir en su agenda el vínculo entre inmigración e inseguridad. Por su parte, el Govern del PSC ha puesto el foco en el refuerzo de la seguridad con medidas como el Plan Kanpai y la intensificación de la lucha contra la multirreincidencia.
Cultura y economía
La encuesta del CEO también analiza cómo valoran los catalanes el impacto de la inmigración en otros ámbitos. En términos culturales, la percepción vuelve a situarse en un punto medio. En una escala del 0 al 10 —donde 0 significa que la cultura catalana se empobrece y 10 que se enriquece— la media alcanza 5,4.
La valoración es más positiva cuando se trata del impacto económico. Ante la pregunta de si la inmigración es mala o buena para la economía, también en una escala del 0 al 10, la puntuación media sube hasta 6,3, lo que indica que una parte importante de la población percibe una contribución económica favorable de los inmigrantes.
Mayor incomodidad hacia personas magrebíes o árabe
El estudio del CEO también aborda actitudes sociales hacia distintos colectivos y muestra diferencias significativas según el origen o la identidad. Una de las preguntas plantea cómo reaccionarían los encuestados si uno de sus hijos mantuviera una relación sentimental con personas pertenecientes a determinados grupos sociales. Los resultados indican que las personas de origen magrebí o árabe generan más incomodidad que cualquier otro colectivo incluido en la encuesta.
En concreto, un 45% de los encuestados afirma que le incomodaría esa situación: un 27% dice que se sentiría “totalmente incómodo” y un 18% “incómodo”. En el lado contrario, un 38% asegura que se sentiría cómodo o muy cómodo. En la escala de 0 a 10 —donde 0 representa incomodidad total y 10 comodidad total— la media se sitúa en 4,8.
El rechazo es menor en comparación con otros colectivos analizados. En el caso de una posible pareja gitana para un hijo, el porcentaje de incomodidad se sitúa en el 37%, mientras que el 43% lo vería con normalidad. Las cifras bajan aún más cuando se trata de personas negras, latinas o de Asia oriental: entre un 13% y un 19% de los encuestados expresan incomodidad, frente a porcentajes de aceptación superiores al 60%.
La encuesta también analiza la actitud hacia las relaciones con personas del colectivo LGTBI. Ante la posibilidad de que un hijo tenga una relación con una persona trans, el 37% reconoce que le generaría incomodidad, mientras que el 43% se sentiría cómodo. En cambio, cuando se trata de relaciones con personas gais, lesbianas o bisexuales, la incomodidad cae hasta el 18%, con un 67% que afirma sentirse cómodo.