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Municipal

Críticas al ayuntamiento por el dispositivo contra el frío en Barcelona: 200 plazas para 2.000 sin techo

La directora de la Fundación Arrels, Bea Fernández, ha calificado de "insuficiente" el despliegue municipal

Se calcul que en Barcelona viven unas 3.000 personas "sin techo" EFE

El dispositivo contra el frío de Barcelona ha dado alojamiento cada moche en este inicio de año con temperaturas mínimas de récord a unas 200 personas sin hogar, una cifra que está muy lejos de las cerca de 2.000 que se calcula duermen al raso y que cuestiona el modelo de atención vigente, según la Fundación Arrels.

El Ayuntamiento de Barcelona abrió el pasado 2 de diciembre cien plazas de alojamiento en equipamientos municipales para cobijar a las personas que viven en la calle y habilitó cien más cuatro días más tarde al activarse la alerta por la caída generalizada de los termómetros hasta los cero grados o por debajo.

Mientras que las cien primeras plazas continuarán abiertas hasta final de marzo, las cien habilitadas por la alerta han dejado de estar disponibles desde las 08.00 horas de este martes, aunque todas se han llenado prácticamente noche tras noche, según ha confirmado el consistorio barcelonés.

Un despliegue insuficiente

En declaraciones a EFE, la directora de la Fundación Arrels, Bea Fernández, ha calificado de "insuficiente" el despliegue municipal y ha criticado la forma que tiene el consistorio de abordar el fenómeno del sinhogarismo, que ve basado solo en la emergencia.

"No es la manera de enfocar la problemática. Nosotros reivindicamos que la atención a estas personas sea sostenida en el tiempo, que no dependa de que bajen o suban los termómetros. La vida en la calle es muy dura con independencia de la temperatura, aunque sabemos que empeora con picos de frío o de calor", ha asegurado.

Fernández ha alertado de la "inseguridad" que produce en este colectivo de personas especialmente vulnerables un sistema de atención supeditado a si los termómetros suben o bajan. "Las personas sin hogar acaban por no saber cuándo se abre o se cierra el dispositivo. Además, la alta humedad de Barcelona hace que un grado arriba o abajo no marque la diferencia en la calle", ha señalado.

Cerca de 2.000 personas pernoctan en la calle

La directora de Arrels pone el acento también en las cifras: Barcelona ha dispuesto este invierno hasta hoy de estas 200 plazas temporales para pernoctar por el frío, cuando son cerca de 2.000 las personas que duermen al raso cada noche, según el cálculo que hizo la propia fundación hace sólo unas semanas.

Estas 2.000 personas son un 43 % más de las que lo hacían en el último recuento de la fundación realizado en 2023, otro dato que pone en evidencia, a juicio de Fernández, la necesidad de replantear tanto los dispositivos de emergencia como el modelo de atención.

"Es cierto que el ayuntamiento cuenta con unas 3.000 plazas residenciales para personas en situación de pobreza o sin recursos en situación de exclusión, pero ya están llenas", ha apuntado, para reivindicar a continuación que se amplíen estas últimas.

La clave, evitar la cronificación

La directora de Arrels, fundación que trabaja desde 1987 en la capital catalana para atender y acompañar a personas sin hogar, insta al consistorio a plantear la lucha contra el sinhogarismo desde otro punto de vista, con el foco puesto en evitar "la cronificación".

Los estudios más recientes sobre el fenómeno recomiendan intervenir durante las primeras semanas de estas personas en la calle porque a partir de los seis meses la situación se cronifica y resulta mucho más difícil un cambio de vida. "Hay gente ahora mismo que llevan más de 4 años en la calle en Barcelona", advierte.

Así, considera "clave" que Barcelona cuente con más recursos residenciales, que permiten realizar un seguimiento más largo y, por tanto, con más posibilidades de reinserción. Fernández también pide más flexibilidad a la hora de facilitar el alojamiento temporal de estas personas, ya que muchas rechazan el ofrecimiento porque no pueden acudir a las dependencias municipales con sus enseres (que es lo único que poseen) ni con sus animales de compañía.