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Cataluña

La economía catalana creció un 2,7% en 2025

Sin embargo, patronales alertan de que la productividad está estancada

Vista aérea del Eixample de Barcelona, con la Daigonal atravesándolo @WorldScholar_

El producto interior bruto de Cataluña se situó en 334.765 millones de euros en 2025, tras registrar un crecimiento anual en volumen del 2,7%, según ha informado el Institut d'Estadística de Catalunya. La cifra confirma el avance publicado el pasado 9 de febrero y queda una décima por debajo del crecimiento estimado para España (2,8%), aunque supera en 1,2 puntos el de la Unión Europea (1,5%).

El impulso de la economía catalana se apoyó principalmente en la demanda interna, que aumentó un 4,1% en 2025, ligeramente por debajo del 4,2% del año anterior. Este crecimiento se explica por el incremento del consumo de los hogares, que avanzó un 3,9%, el gasto de las administraciones públicas, con un alza del 3,1%, y la formación bruta de capital, que creció un notable 6,0%.

En el ámbito exterior, las exportaciones registraron un aumento del 4,2%, mientras que las importaciones crecieron un 5,2%. Durante el cuarto trimestre, el PIB experimentó un incremento interanual del 2,6% y una subida del 0,9% respecto al trimestre anterior, consolidando una evolución al alza a lo largo del conjunto del año. Por sectores, destacaron especialmente la agricultura y la construcción, con crecimientos del 9,2% y el 7,2%, respectivamente, mientras que los servicios avanzaron un 2,9% y la industria un 1,2%.

Pese a estos datos macroeconómicos positivos, distintos indicadores apuntan a que la evolución no es tan favorable si se analizan variables clave como el PIB per cápita o la productividad. Diversas patronales y asociaciones empresariales llevan tiempo advirtiendo de que la productividad en las empresas se encuentra estancada, lo que limita la capacidad de crecimiento a medio y largo plazo.

En este sentido, el tejido empresarial señala factores como la elevada carga burocrática y la complejidad de los trámites administrativos, que restan eficiencia a la actividad económica. A ello se suma una presión fiscal considerada elevada, en un contexto en el que los salarios tampoco experimentan incrementos significativos, lo que refleja un crecimiento que, aunque sólido en términos agregados, presenta debilidades estructurales.